Profesor titular de Historia y cultura del pueblo judío en la Universidad de Granada (UGR), Miguel Ángel Espinosa es un gran especialista en patrimonio judío en la península ibérica, así como un profundo conocedor de las claves del arte hispanojudío medieval, desde la realidad misma del judaísmo.

La conversación con el profesor Espinosa es rica en matices, los que pueden extraerse de años de estudio de una realidad, la del arte hispanojudío, un tanto velada desde la expulsión. Algo que ha cambiado desde los años noventa hasta hoy, como bien explica a lo largo de la entrevista que nos ha concedido.

-En el grado en lenguas modernas y literatura, dentro de la Universidad de Granada (UGR), usted imparte una asignatura sobre el patrimonio judío. ¿De qué período estaríamos hablando, concretamente?

La asignatura está destinada no solo a los futuros graduados en Lenguas Modernas y sus literaturas, de hecho se nutre también de historiadores y un alumnado diverso, a menudo extranjero y de paso por nuestra Universidad, que manifiesta su interés por la temática. Es una materia en la que se aúnan campos de la cultura judía muy diferentes. No solo hacemos una revisión de la historia del pueblo judío desde sus primeras noticias a nuestros días, sino que nos detenemos fundamentalmente en los modos de transmisión de su expresión, tanto material como inmaterial. Por eso, al ser una asignatura impartida conjuntamente por dos Departamentos, Semíticas (Hebreo) e Historia del Arte, prestamos atención a la lengua, la literatura, el arte y la cultura en general. La aspiración de los profesores que la impartimos es siempre dar a conocer aspectos que tradicionalmente se han descuidado en las aulas, desde costumbres y usos en las festividades o maneras de vestir, la influencia de la religión en la vida diaria, las formas de alimentación… Pero no se trata de una materia que pretenda solo divertir informando con datos más o menos curiosos por desconocidos, antes bien, hay un plan de contenidos consensuado que abarca toda la historia judía que pretende servir de motivo de reflexión sobre su valor y necesidad de conservación. Bajo este prisma observamos literatura, pensamiento, arquitectura, artes plásticas, judaica, música, cinematografía… Y como procuramos dejar parte del programa abierta a la sugerencia del alumnado no es extraño que en ocasiones pasemos de analizar la vida en la Jerusalén del rey David a las formas cotidianas que traducen hoy las calles del Israel moderno y como el covid la ha afectado o incluso temas más comprometidos como la validez documental de las imágenes del holocausto.

-¿Cree que el arte hispanojudío es uno de los grandes desconocidos, dentro del patrimonio artístico en nuestro país?

Afortunadamente todo ha cambiado muchísimo desde 1992, la historiografía constata la mejora. La conmemoración del quinto centenario de la expulsión de los judíos hispanos sirvió no solo para poner sobre el tapete un tema eternamente postergado como el de la relación de España y sus judíos dispersos. Obligó a mirar hacia adentro a ambas partes y a fijar un punto de encuentro donde expresar temores y alegrías. Ese punto de encuentro ha sido la investigación científica y como tal ha sido un punto de encuentro multidisciplinar. El estudio del arte hispanojudío ha despertado desde aquel entonces, pero lo esencial es que ahora somos muchos los que nos arriesgamos a preguntar y avanzar una explicación acerca de un capítulo que tradicionalmente ha pasado inadvertido en nuestro sistema de enseñanza o encubierto, cuando no soterrado, bajo estructuras estéticas aglutinantes con una clara formulación ideológica conciliadora como el mudéjar. Ya no son solo hispanistas extranjeros los que vienen a preocuparse por el tema, somos muchos españoles y portugueses los que, codo con codo y colaborando con filólogos y arqueólogos especialmente, estamos empeñados en rescatar una forma de expresión personal, aunque en ocasiones se revista de un lenguaje mudéjar. Nuestra misión es dar a conocer lo que hay bajo esa pátina mudéjar, la esencia del judaísmo hispano que supo cocinar lentamente tomando ingredientes al alcance de todos, también de cristianos y musulmanes, pero con un toque personal. Quien visita las sinagogas de Córdoba y Toledo o las de más reciente rescate, seguirá viendo un espacio sin vida, a lo sumo asimilado a una estructura eclesial, si nadie le explica que el concepto de tiempo y el uso del espacio es totalmente diferente y sigue sus propias formas, obedeciendo a una tradición y un carácter propio. Pese a la mejora manifiesta, queda mucho por hacer, incluso desde las fases educativas primarias, para dar a conocer una realidad que es nuestra propia realidad, única y diversa.

“Nuestra misión es dar a conocer lo que hay bajo la pátina mudéjar, la esencia del judaísmo hispano que supo cocinar lentamente tomando ingredientes al alcance de todos, también de cristianos y musulmanes, pero con un toque personal”

“En lo sefardí tenemos que integrar por fuerza un tercer elemento a la ecuación hispana y judía, un elemento variable y profundamente significativo: lo holandés, lo británico, lo otomano, lo eslavo, lo griego…”

-¿Cómo diferenciaríamos el concepto “hispanojudío” de “sefardí”? ¿Pueden considerarse análogos?

El tema de las definiciones y acotaciones es con frecuencia una imposición más científica que real y cuesta mucho hacer entender los matices y diferencias. A menudo los investigadores definimos conceptos porque esto nos resuelve problemas de carácter cronológico o cultural. Para buena parte de los hispanohablantes, “hispanojudío” y “sefardí” son dos términos sinónimos o muy próximos. Lo interesante es que hoy en día, cada vez más hablantes comprenden que ambos nos tocan muy de cerca y que debemos considerarlo como algo de nuestro propio acervo. Luego vendrá la precisión de los investigadores en nuestro afán por clasificar y esclarecer realidades y entonces intentaremos explicar que por cuestiones históricas llamaremos “hispanojudío” a todo cuanto haga referencia a la presencia y desarrollo de los modos de vida judíos en las tierras hispanas, desde su llegada en fecha incierta hasta su expulsión. A partir de ese momento, “lo sefardí” toma el relevo y hará mención de unas formas de vida que mantuvieron lo esencial de su hispanidad en la lengua y las costumbres, pero que evolucionaron y se enriquecieron al contacto con otras tierras del norte de Europa o del Mediterráneo. En lo sefardí tenemos que integrar por fuerza un tercer elemento a la ecuación hispana y judía, un elemento variable y profundamente significativo: lo holandés, lo británico, lo otomano, lo eslavo, lo griego… En buena medida, los españoles esperamos que este regreso a la normalidad hispanojudía desde el sefardismo suponga una reactivación y enriquecimiento cultural por su extraordinaria pujanza.

-Hablemos de la judería granadina en territorio islámico de la Península, ¿se sabe si tuvo unas características especiales?

Nos encontramos en una fase media de nuestro proyecto. Hasta ahora hemos recogido sobre todo la información que otros han aportado desde el conocimiento de primera mano como aquel viajero alemán del siglo XV, Münzer, que describió tantos espacios en su periplo ibérico, o la información proporcionada por cronistas, historiadores y arqueólogos. Cualquier dato nos es útil antes de aventurar una interpretación basada en el documento. Los documentos son escasos, lo que tenemos hasta el momento atestigua básicamente su transformación y su uso en manos de una monarquía que utiliza sus propiedades como moneda de pago a los servicios prestados por nobles, caballeros y militares. No obstante, suponemos, y esperamos que el procesado de la documentación nos lo confirme, que la judería de la capital nazarí pudo concentrarse en una parte del actual barrio del Realejo, en torno a San Matías y la Calle Varela como ejes esenciales, pero sin ir esto en detrimento de la residencia de familias judías fuera de ese núcleo. La documentación sobre la permanencia de los conversos así lo atestiguaría. El hecho de ser la última judería en suelo islámico peninsular nos sugiere que es posible inferir algunas connotaciones urbanas o espaciales, también desde su propia realidad. Sin embargo, lo que estamos analizando no nos hace pensar en grandes diferencias respecto a las comunidades de otros lugares de la geografía hispana. Las necesidades eran las mismas y la variación del entorno, cristiano o musulmán, no resultaba muy significativa en cuestiones espaciales, probablemente tampoco constructivas, pues el tipo de casa medieval, determinado en parte por la actividad de sus propietarios no variaba excesivamente en medios geográficos similares, a lo sumo en la decoración o los rasgos de estilo, pero no tanto en partes, contenidos y usos.

-¿Hay aspiración a formar parte de la Red de Juderías?

La relación de la investigación con la judería es sobre todo un compromiso con la realidad histórica y el rescate de la memoria. Frecuentemente, no tanto por parte de los investigadores cuyos motivos científicos son otros, se intenta buscar una aplicación a tanto esfuerzo. No cabe duda de que devolver a la ciudad la memoria de su judería es una empresa apasionante, pero nuestro compromiso probablemente solo deba llegar hasta ahí. Que sea la ciudad la que decida si su judería puede y debe pertenecer a la Red de Juderías con todas las cargas, obligaciones y beneficios, que eso supone. Recientemente se tilda a este tipo de asociaciones de buscar solo lo turístico, olvidándose un poco del conocimiento, pero debemos tener en cuenta que es en ocasiones el factor turístico el que exige una puesta al día en el conocimiento. Personalmente, sería un motivo de felicidad que Granada pudiese estar representada, por la riqueza de su pasado, su memoria y su materialidad, aún vivas, en cualquier organismo o asociación que fuese de su interés. Pero, como digo, son otros organismos ciudadanos los que han de tomar ese tipo de decisiones, a nosotros como equipo de investigación solo nos compete sacar a la luz los aspectos olvidados, exponer el conocimiento que consigamos rescatar. Tan solo esperamos hacer algo de lo que la ciudad pueda sentirse orgullosa, luego le tocará a ella decidir.

-El antropólogo Manuel Delgado habla de iconofobia en el judaísmo, ¿es una afirmación demasiado radical para describir la relación del judaísmo con las imágenes?

Como historiador del arte entiendo dicha afirmación como algo radical. En la historia del arte no hay muchos dogmas ni verdades absolutas, la iconofobia ha podido formar parte de muchas mentes dedicadas al pensamiento religioso en el judaísmo a lo largo de toda su historia. Yo rebajaría el grado hasta el de cierto temor, especialmente en los ambientes religiosos, a los efectos que la imagen pueda causar en la ortodoxia. No obstante, no es lo que nos demuestra la rica historia del arte judío desde sus primeras etapas, una historia de innovaciones e intercambios con culturas próximas. ¿Por qué en lugar de condenar al arte judío no nos preguntamos por las deudas y parentescos que mantiene con él el primitivo arte cristiano? Desde la sinagoga de Dura Europos o los mosaicos bizantinos de sinagogas como Hammat Tiberias o Beit Alpha, donde nace una iconografía que se ha mantenido hasta nuestros días, a la pintura de autores modernos y contemporáneos, el artista judío ha utilizado la imagen. Cuestión diferente es el modo en que precisamente por ese hecho se ha comprendido la imagen del artista en su comunidad. Oppenheim, Mauricy Gottlieb, Israels, Chagall y tantos otros vinieron a demostrar que el problema con la imagen es de madurez, nada pasa si se comprende bien el sentido de la obra del Sumo Creador. Un tema, por cierto, a cuyo esclarecimiento aportó mucho la poesía de Gabirol.

-Usted dice que una cosa es la forma y otra la esencia. ¿Resulta imprescindible, para conocer en profundidad el arte que desarrolló la comunidad judía, aquí o en la diáspora, la religión o la normatividad religiosa?

La vida del ser humano judío está regida desde que se levanta en la mañana hasta que vuelve al lecho en la noche por la norma religiosa. Es imposible, en Israel o en la diáspora, zafarse de su influencia. Toda esa legislación se ha convertido en esencia que articula y mantiene vivo a todo un pueblo. Y puede ser ignorada, pero aun así formará parte de la expresión artística judía, pues ha vehiculado una forma de ser, un carácter propio también en lo laico. Sí, resulta fundamental conocer algunos de los conceptos religiosos para comprender el arte judío, especialmente el medieval, pero no solo él, mi afirmación alcanza incluso al programa de formación de un arte nacional en los primeros momentos de la Escuela Bezalel de Jerusalén. Es la religión la que condiciona y propicia los mejores momentos de expresión artística, la fiesta y la liturgia sinagogal o doméstica. Es la tradición religiosa la que aporta la iconografía y temática propia. Pero también es el pensamiento religioso el que traza las líneas del pensamiento estético y del corpus teórico histórico artístico. Esta esencia puede ser expresada a través de formas artísticas muy diversas, desde la arquitectura a la música o incluso la fotografía y el cine, y puede utilizar lenguajes estilísticos diversos, pero si no se participa de esas definiciones el alcance del mensaje nunca será completo. Si me empeño en analizar una hagadá como un simple manuscrito iluminado, sin tener en cuenta su carácter litúrgico doméstico, estaré probablemente malinterpretando su sentido artístico, nunca seré consciente de su auténtico valor, alto ya de por sí como documento medieval iluminado, pero más alto aún como expresión de todo un símbolo. El arte judío es el arte simbólico por excelencia, una simple brizna de significante transporta a un contenido de una riqueza extraordinaria.

-Su proyecto principal ahora es estudiar la judería granadina, ¿sería pronto para darla a conocer al gran público?

Sí, creo que lo es, pero, no obstante, vamos haciendo partícipe a la comunidad científica de algunas de nuestras conclusiones para someterlas a debate. Estimamos que nuestro aporte no tiene por qué ser el último y decisivo, pero sí le exigimos que sea al menos digno y considerado con una realidad tan profundamente maltratada a lo largo de la historia moderna. Queremos hacer las cosas del modo más correcto antes de devolver a todos los interesados, vecinos de ese espacio, visitantes y conocedores, una idea clara y real de la enorme riqueza que queda todavía bajo el nivel de la calle. El proyecto de este Grupo de Investigación contempla la implicación de todas estas personas interesadas, por eso proyectamos dar a conocer nuestros avances a través de exposiciones, algunas ya celebradas, y de difusión de noticias en la prensa local o especializada. Nuestra intención es cerrar esta aventura del conocimiento con un acto en que podamos ofrecer un producto terminado y no meras suposiciones, en que podamos recoger y asimilar todo cuanto se ha dicho hasta ahora y ofrecer nuevas conclusiones. Tan solo una precisión, la presencia judía en Granada no es solo su adscripción geográfica a un barrio, la historia del judaísmo granadino es extraordinaria por su riqueza y sus matices.