Doctora en Culturas Árabe y Hebrea por la Universidad de Granada (UGR), Tania María García Arévalo es investigadora en la lingüística y literatura judeo-árabe del norte de África, así como en la comunidad sefardí en el Magreb tras las descolonizaciones.

La cultura judeo-árabe es un campo de estudio muy minoritario aún, si bien cuenta con especialistas entregadísimos a una parcela del saber que es interesante conocer, dada su importancia en la Haskalah o Ilustración judía. El componente intercultural, que la propia García Arévalo se encarga de explicar a lo largo de la entrevista, es definitorio de estos fenómenos culturales.

-¿Cómo llegó a un área tan minoritaria, supuestamente, como es la de Estudios Hebreos y Arameos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UGR?

Llegué al Departamento de Estudios Semíticos, en el que se integra esta área de Estudios Hebreos y Arameos, por mis estudios en Filología Árabe. Poco a poco fui cursando también asignaturas optativas de hebreo y me resultaron muy interesantes. Tenían contenidos diferentes, atractivos y novedosos, con un profesorado muy implicado en la enseñanza. Nunca olvidaré esos primeros momentos aprendiendo a escribir las letras hebreas o leer.  Finalmente, decidí formalizar mis estudios también en Filología Hebrea y completé ambas licenciaturas a las que se unieron un Máster en Culturas Árabe y Hebrea y un Doctorado también dentro de esta área.

-¿Cómo nace la tradición judeo-árabe en la Edad Media, y en qué países se desarrolló fundamentalmente?

Con el término judeo-árabe siempre es necesario hacer cierto tipo de aclaraciones para que pueda entenderse en toda su complejidad. Podemos definirlo como el árabe, hablado o escrito, usado por judíos en entornos arabófonos. Por otra parte, posee unas características particulares propias como el empleo del alfabeto hebreo -aunque este pueda no darse-, empleo de palabras hebreas y arameas o cambios fonéticos con respecto al árabe de los musulmanes. No hay una única variedad sino que serán tantas como variedades dialectológicas o dialectos podamos encontrar: judeo-árabe tunecino, judeo-árabe marroquí, judeo-árabe iraquí… entre otros muchos. Con esto se respondería a la pregunta de en qué localizaciones se desarrolla y la respuesta es en todas aquellas en las que hubiera una minoría de comunidades judías viviendo en un entorno árabo-parlante a lo largo de los siglos (hablamos desde siglos VIII-IX hasta la actualidad) y en diferentes contextos.

En cuanto a la tradición judeo-árabe en la Edad Media, los siglos X-XV en al-Ándalus constituyen una verdadera etapa dorada. Esta época medieval o clásica representa el auténtico legado de autores en cuyas obras se encuentra todo un catálogo de géneros literarios y materias que constituyó una gran parte de las ciencias y del pensamiento posterior europeo. Desafortunadamente, el campo del judeo-árabe sigue siendo minoritario en cuanto a investigadores e investigadoras, pero estos sí son muy prolíficos en sus estudios y ediciones.

“Podemos definir el judeo-árabe como el árabe, hablado o escrito, usado por judíos en entornos arabófonos”

“Actualmente asistimos al nuevo antisemitismo o neoantisemitismo, entendiendo por este las nuevas formas del odio al judío, odio que no surge de forma casual sino que va reconociéndose, adaptándose y modelándose desde muchos siglos atrás”

-¿Fue la presencia sefardí en el Magreb la que influyó en ese renacimiento, durante la Edad Moderna y parte del siglo XX, de esa lingüística judeo-árabe?

Las comunidades judías del Magreb de expresión judeo-árabe fueron fundamentales para el desarrollo, no solo de la lingüística sino también de la literatura a partir de mediados del siglo XIX. No fue un hecho aislado sino que derivó de lo que llamamos Haskalah o Ilustración judía, fenómeno coetáneo al de la Ilustración europea y que influyó decisivamente en el modo en que la literatura en judeo-árabe conociera un renacimiento. Hemos de hablar de que, desde el periodo medieval hasta el siglo XIX hubo una etapa, sobre todo, de traducciones del texto bíblico al judeo-árabe, lo que denominamos sharh, pero no obras de creación entendidas como tales. A partir de este momento, el número de publicaciones de obras de todos los géneros (teatro, novela, cuentos, periódicos) creció exponencialmente haciendo posible que la cultura llegara a todos los lectores.

-¿Que es lo que se denominaría neoantisemitismo? ¿Tiene relación con los fenómenos descolonizatorios?

Actualmente asistimos al nuevo antisemitismo o neoantisemitismo, entendiendo por este las nuevas formas del odio al judío, odio que no surge de forma casual sino que va reconociéndose, adaptándose y modelándose desde muchos siglos atrás. La llegada de refugiados, la creación del Estado de Israel, la radicalización de la izquierda frente al conflicto palestino-israelí, la reconfiguración política de las derechas europeas y la emergencia del islam radical son factores clave en su existencia desde mediados del siglo XX hasta el siglo XXI y marcan hoy día su continuidad.

Otro de los factores que influye en este neoantisemitismo es el de las descolonizaciones del Magreb en tanto que estas dan lugar a movimientos migratorios a países europeos distintos. Hemos de tener en cuenta el gran número de personas que van a Europa, que se asientan en diferentes barrios -normalmente en barrios donde ya había judíos previamente-. En el caso de Francia la adaptación fue relativamente fácil porque ya contaban con una educación de corte francés y conocían el idioma pero no fue así en otros países como Inglaterra o Alemania en la que la integración fue mucho más complicada con la población.

La llegada y adaptación de estos grupos a contextos europeos no homogéneos y la ida de estos a Israel supone la recurrencia de este fenómeno nuevamente.

-Los especialistas habláis de diferentes géneros: novela, cuento, teatro, poesía… pero también prensa. ¿Qué papel tuvieron los periódicos en la difusión de esta tradición?

Tanto en la tradición de expresión judeo-árabe como en la de expresión judeo-española o sefardí el papel de la prensa es muy relevante. Primero porque este género surge con otros como los de la novela, el teatro o la historiografía que no existían anteriormente en estas tradiciones sino que llegan con la modernidad ya a finales del siglo XIX y principios del XX. En segundo lugar, las publicaciones periódicas como las revistas o los periódicos suponen una revitalización de la lengua y el esfuerzo continuo de tratarla y, en tercer lugar, no únicamente hablamos de plasmar la historia del día a día de las comunidades sino de ideologías o pensamientos de las comunidades. La prensa es un cambio fundamental en la historia de estas dos tradiciones.

-Ha estudiado un período determinado de esa difusión y textos sionistas en particular, ¿no es así?

Efectivamente. Una parte de mi investigación y de las de las profesoras María José Cano Pérez y Doğa Filiz Subasi se ha centrado  concretamente en la transcripción y estudio de una obra escrita originalmente en hebreo por Nahum Sokolow y, más tarde, publicada en su versión judeo-española. Sokolow fue uno de los primeros dirigentes sionistas y dedicó el texto a uno de los más fervorosos anti sionistas de Estambul, David Fresco, que además era el director de uno de los periódicos más afamados de principios del XX, El Tiempo. No conocemos con certeza si la obra hebrea se publicó o si únicamente a Sokolow le interesó que viera la luz el texto judeo-español, ya que Fresco no conocía el hebreo. Es una obra muy interesante en la que realmente pueden verse las pasiones del momento en cuanto a los detractores del sionismo o sus partidarios. La prensa en este momento también es un elemento fundamental porque en ella se recogen, como pasa hoy en día, ideologías, sucesos y noticias que dan buena cuenta del ambiente vivido en el Imperio Otomano, que es donde centramos nuestra investigación.

-Habla de la cuentística en judeo-árabe como ejemplo de interculturalidad, pero ¿en qué se diferenciaría de este concepto del de multiculturalidad?

Cuando hablamos de interculturalidad nos referimos a la interacción de grupos humanos que poseen diferentes culturas dando lugar a expresiones en las que surgen nuevos conceptos o géneros que poseen características únicas atendiendo a esa misma simbiosis entre las culturas. La multiculturalidad, por su parte, es la convivencia de varias culturas, próximas o no, en un espacio determinado. En al-Ándalus con la literatura judeo-árabe se produce un fenómeno de interculturalidad. Primero por la lengua que, en sí misma, ya es fruto de una reciprocidad e interacción pero además porque esta producción literaria deriva en algo novedoso, en relatos originales en los que muchos de los protagonistas son personajes de la tradición árabe. Esto se ve más claramente en la literatura de los siglos XIX y XX y supone también un ejercicio, sobre todo de enseñanza, para que el público que lee los relatos pueda conocer a estos grandes protagonistas, no solo judíos como rabinos relevantes de la tradición hebrea sino también a otros personajes ilustres de la tradición árabe.

-¿En qué proyecto está trabajando ahora?

Actualmente estoy trabajando en dos proyectos de investigación: uno sobre la comunidad sefardí de Ankara que dirige Doğa Filiz Subasi, de la Universidad de Yozgat, y otro sobre la Granada judía de la mano de su investigador principal, Miguel Ángel Espinosa, de la Universidad de Granada. También me encuentro dando las últimas pinceladas al estudio de varias obras sefardíes de principios del siglo XX y preparando otros artículos que, espero, puedan ver la luz muy pronto.