Amparo Alba Cecilia (Segovia, 1953) es una de las hebraístas de mayor prestigio de nuestro país. Recientemente dio su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.

Especialista en literatura hebrea medieval, es catedrática de Filología en el área de Estudios Hebreos y Arameos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), donde imparte cursos sobre Literatura hebrea postbíblica y Cábala y Ciencia judías.

-Enhorabuena, acaba usted de ingresar en la Real Academia de Historia como especialista en literatura hebrea medieval, ¿le costó decidirse por el discurso de ingreso, cierto?  

Podría decir que en parte sí, pero sólo en parte; yo tenía muy claro que quería disertar sobre los estudios de hebreo en España, y lo primero que pensé fue hacer una historia de estos estudios desde sus orígenes, en la Córdoba califal hasta su implantación en los Estudios generales y Universidades desde la edad Media hasta nuestros días, para centrarme finalmente en mi universidad, en la Complutense. Y hasta cierto punto esto lo he cumplido pero en la Introducción que precede al discurso en sí, pues más adelante surgió la posibilidad de indagar en las fuentes documentales de la RAH sobre los trabajos publicados por los Académicos desde la aparición de su primer Boletín, en 1877, hasta el último, en 2020. En ellos encontré un riquísimo filón de trabajos que, en parte, han quedado ocultos por el paso del tiempo, y lo que he hecho ha sido rescatarlos del olvido, clasificarlos, comentarlos y ponerlos al día para que puedan ser de nuevo estudiados y utilizados por los nuevos investigadores en esta área o simplemente por un público interesado.

-¿De dónde la viene la pasión hebraísta?

Pues no sabría decirlo. Ha ido desarrollándose con el tiempo. En realidad, como a la mayor parte de los estudiantes de Filología Semítica de mi época, era el árabe lo que me atraía, pero al terminar la licenciatura se me presentó la ocasión de hacer la tesina dentro del Proyecto de edición de la “Biblia Políglota Matritense” que se llevaba desde el Departamento de Hebreo y desde el Instituto Arias Montano del CSIC, estudiando los libros de Profetas Mayores en puntuación babilónica (distinta de la tiberiense que se acabó imponiendo); así accedí a una plaza de Ayudante en el Departamento de hebreo, comencé la tesis doctoral… y hasta hoy.

-Usted forma parte, dentro de la UCM, del Departamento de Lingüística, Estudios Árabes, Hebreos y de Asia Oriental, y está dentro del grupo de investigación que estudia los textos y la iconografía bíblica. ¿Puede decirse que es un mandato para cualquier hebraísta, el estudio de la Biblia?

Así es; con la remodelación de Departamentos en la Universidad Complutense hemos desembarcado en este, aunque siempre hemos sido el Departamento de Estudios Hebreos y Arameos, y por supuesto considero que el estudio lingüístico y literario de la Biblia es la piedra angular de estos estudios. No sólo desde un enfoque filológico o religioso, sino también desde enfoques interdisciplinares: arte, historia, sociología, etc., porque la Biblia no sólo es un libro sagrado, es además un monumento literario que une el Oriente, donde se origina, con el Occidente, donde acaba configurando su cultura.

“En general, las mujeres bíblicas tienen un gran atractivo, un papel importante y muchas veces superior al del hombre, lo que no deja de resultar interesante en tiempos tan antiguos”

-En ese mismo grupo de investigación se pone el énfasis en la atención a las mujeres del Antiguo Testamento. ¿Es este un interés reciente, o lleva cultivándose ya tiempo? ¿Cuál sería su personaje femenino favorito?

La investigación sobre los personajes femeninos en la Biblia, así como las representaciones artísticas de personajes bíblicos, en general, ya sean iconográficas, literarias, etc. ya lleva cultivándose unos pocos años, y en concreto, la atención a los personajes femeninos entra dentro de los estudios de género que, desde hace unas décadas, se han extendido por todos los campos del saber, y por supuesto, por los estudios bíblicos. Es difícil escoger un personaje femenino entre todos los que aparecen en la Biblia; me llaman la atención los menos conocidos, como el de Dina, la hija de Jacob y Lea, cuya triste historia se narra en el capítulo 34 de Génesis: fue raptada y violada por Siquem, hijo del rey del país en el que estaban, pero el joven príncipe se enamoró de Dina y quiso contraer matrimonio con ella y hacer un pacto con sus hermanos; estos aparentemente aceptaron, pero acabaron cumpliendo una terrible venganza y dejando a su hermana viuda antes de casarse. En general, las mujeres bíblicas tienen un gran atractivo, un papel importante y muchas veces superior al del hombre, lo que no deja de resultar interesante en tiempos tan antiguos.

-Como especialista en la cábala, ¿cómo introduciría brevemente a alguien que no tuviese la menor idea de lo que es la cábala?

Pues le contaría lo que digo habitualmente en mis clases, indicándoles el significado etimológico de la palabra: tradición o recepción. Diciéndoles que es una tradición recibida y aceptada en la religión judía, enraizada con la Ley Oral que se supone de una gran antigüedad y transmitida oralmente de maestro a discípulo “en un susurro”. Y que de forma más precisa se da el nombre de Cábala a la doctrina mística que se desarrolló en el judaísmo medieval, en contacto con el cristianismo en las comunidades judías del sur de Europa, Provenza, Cataluña y Castilla; que tenía fuertes influjos de doctrinas filosóficas en boga, como el neoplatonismo, así como de tradiciones judías anteriores orientales, como la mística de la Mercabá, y que tras la expulsión de los judíos de España se asentó en Oriente, en Safed, donde continuó su desarrollo.

-Su especialidad es también la cuentística hebrea de los siglos XI y XIV. ¿En qué se diferenciaría, en términos muy generales, la cuentística rabínica de otras, en las temáticas? ¿Existe vocación moralizante?

En mi tesis doctoral hice la traducción y estudio de tres colecciones de cuentos hebreos que datan de la Edad Media: el Midrás de los Diez Mandamientos, El Libro precioso de salvación, escrito a mediados del s. XI por Rabí Nissim de Kairuán y el libro de los Cuentos de los rabinos, o Sefer Maasiyyot; estas colecciones de cuentos, con una clara intención didáctico-moralizante, tienen en común una grandísima base de narraciones hagádicas, es decir, tomadas de la literatura talmúdica y midrásica, la llamada “literatura rabínica”, pero, según el contexto en el que se hayan elaborado, han ido incorporando tradiciones narrativas de otras culturas, como la árabe, la oriental (de la India) o incluso la europea. Las temáticas son muy variadas y, en general, los relatos de influencia extranjera se adaptan, desde el punto de vista moral, a la religión judía.

Foto: Azahara Memberg.