Bashevis Singer escribió siempre en yidis, ganó el Premio Nobel de Literatura en 1978 y sus novelas indagan en las contradicciones y las pasiones humanas.

Isaac Bashevis Singer es uno de los autores más imponentes de la historia de la literatura. Hijo y nieto de rabino, nació en en el barrio judío de Varsovia a principios de sigo XX.  Su lengua materna es el yidis y ( sin olvidar a sus hermanos Israel Joshua Singer y Esther Kreitman) fue el autor que llevó la literatura en esta lengua hasta cotas universales.

Isaac Bashevis SingerBashevis Singer se educa en yidis, hebreo y arameo. Estudia el talmud y crece en unos años convulsos de terror y pogromos pero su vocación es la de contar historias, la literatura. Fue traductor al yidis de autores como Knut Hamsung o Thomas Mann y colaboró en la investigación de algún libro de su hermano. En los años treinta publica por entregas su novela Satán en Goray y es nombrado corresponsal extranjero de la revista Jewish Daily Forward, pero la situación en esos años es ya muy difícil para los judíos en Polonia y decide emigrar a Estados Unidos,
Allí sigue trabajando para el Jewish Daily Forward y empieza a publicar su literatura y sus textos comienzan a traducirse al inglés. Alguna de sus obras fue traducida nada menos que por Saul Bellow (que ganó el Premio Nobel de Literatura solamente dos años antes que él). Singer decide escribir siempre en yidis, incluso cuando es perfectamente capaz de hacerlo en inglés, y él mismo decide traducir y supervisar sus traducciones, incluyendo, en ocasiones, variaciones sobre el original.

Precursor de movimientos como el animalismo o el vegetarianismo, Bashevis Singer fue un autor de gran humanidad y su obra estaba marcada por asuntos como la tradición judía, el exilio, los choques culturales y religiosos y la culpa, muchas veces con toques sutiles de humor e ironía.

Escribió grandísimas obras como:  Sombras sobre el Hudson, La mansión, Un amigo de Kafka, El esclavo, Enemigas, una historia de amor, Shosha, La familia Moskat, Gimpel el tonto o El mago de Lublin. También, ya con sesenta años, empezó a escribir deliciosos textos infantiles que también son lecturas obligadas para los adultos. Hay que destacar sus textos autobiográficos, como El tribunal de mi padre y Amor y exilio. En este segundo volumen el autor se enfrenta a sus contradicciones y a su nihilismo, y destila un profundísimo amor por su lengua materna y literaria. En ella él mismo de define como: “narrador de las pasiones humanas más que de un modo sereno de vivir”.

Hay otro elemento que es común en su obra que es el tratamiento de las mujeres y de las relaciones entre hombres y mujeres. En sus novelas encontramos a personajes marcados por el amor erótico y cómo esas pasiones marcan el transcurso de la historia.

En este aspecto destacan dos de ellas: El mago de Lublin y Shosha. En las dos vemos el peso del autoengaño como herramienta de supervivencia del personaje principal, definido por su manera de relacionarse con las mujeres.

El mago de Lublin

Este libro brillante y encantador, tiene un narrador omnisciente que puede ver las entrañas del protagonista Yasha Mazur, “acróbata y nigromante” de carácter un tanto insolente. Mujeriego y manipulador, esta casado con la devota Esther pero tiene una relación con su asistente Magda, con la desamparada Zeftel y con la viuda católica Emillia, de la que está enamoriscado y con la que pretende huir a Italia. Con un fino tono costumbrista, nos habla de la religión, de la mentira y de las máscaras, pero sobre todo, del sufrimiento que infringen los actos egoístas y de las consecuencias, en este caso terribles, de esos actos. Una novela, magnética y con infinitas capas de lectura, sobre el diablo interior, la degradación moral y la culpa.

Shosha

Una magnífica novela escrita en primera persona, nos sumerge en las peripecias vitales de Aaron, un muchacho de una familia rabínica que en su infancia fue un niño aplicado y estudioso. El texto está atravesado por los terribles acontecimientos de la primera mitad del siglo XX. La vida de Aaron Greidinger, ya de adulto, también apodado Tsutsik, está marcada, por sus relaciones con varias mujeres: con una mujer casada con la aquiescencia de su marido;  con una mujer estalinista; con una actriz judía americana que quiere interpretar una obra yidis en Varsovia y con una sirvienta que limpia la casa en la que se hospeda.  Este personaje libidinoso se reencuentra con una mujer de su pasado, Shosha, una niña angelical con cierto retraso en la que ha perdurado su aire infantil, mental y físicamente, y por la que surge un amor profundo. Shosha no puede ni ir a la compra sola y no parece la mejor esposa posible, pero él quiere casarse con ella para sorpresa de todos. Shosha es una novela tierna, llena de tragedia y de humor que nos habla del autoengaño, del amor y de las circunstancias que nos rodean, en este caso, una Polonia que está en la antesala de su devastación.

Isaac Bashevis Singer transitó muchas otras veces el papel de la mujer, sobre todo en sociedades judías. Fue coautor de la celebérrima Yentl, la obra de teatro que Barbra Streisand encarnó en el cine. Además, su vida y su obra tienen puntos en común, no solo en sus historias de judíos centroeuropeos y de emigrantes en Nueva York. Él creció en la calle en la que nace y vive su personaje Aaron en Shosha. Y en cuanto a sus mujeres, su primera mujer, cuando él emigra a Nueva York, ella (que se hace comunista como una de las amantes del protagonista en la misma novela) y su hijo emigran a Moscú, de donde son expulsados por sionistas tiempo después. Singer se casa con Alma Haimann en 1940 y permanece a su lado hasta la muerte del autor, 51  años después.