En 1938,  grupos nazis se manifestaban violentamente en Estados Unidos sin pudor. Hasta que el juez Nathan D. Perlman decidió que había que poner fin a tal humillación. Con los medios que fueran necesarios.

En 1938 el régimen de Hitler estaba en su máximo apogeo y las prácticas contra los judíos eran cada vez más brutales en Alemania; no en vano, en noviembre de ese año se produce La noche de los cristales rotos. Estados Unidos no se sentía incumbida y seguía la política de no intervenir en asuntos que consideraba foráneos. Pero la comunidad judía era muy numerosa en el país, sobre todo en la ciudad de Nueva York.

Ante ese clima de pasividad, los nazis y admiradores de Hitler en Estados Unidos se sentían impunes y no dudaban en desfilar con el “paso de la oca” y gritando consignas nazis por la ciudad. La principal organización era la German American Bund, heredera de la desaparecida Friends of New Germany.

Su líder era Fritz Julius Kuhn, un excombatiente alemán de la Primera Guerra Mundial que emigró a los Estados Unidos en 1928 y se nacionalizó seis años después. Kuhn, que incluso imitaba las maneras y forma de hablar de Hitler (además de repetir sus soflamas antisemitas), tras un viaje a Alemania en el que se entrevistó con Hitler mantenía que le habían nombrado el “American Führer”. Las marchas de la German American Band por todo el país, cada vez con más participantes, eran a menudo violentas y ocupaban páginas en todos los periódicos.

Estas protestas preocupaban mucho a la comunidad y el político judío y, en aquel momento, juez de la Court of Special Sessions de la ciudad de Nueva York, Nathan D. Perlman decidió tomar cartas en el asunto. Al no encontrar la manera legal de acabar con el problema, el juez se decidió a buscar medidas más drásticas y no dudó en acudir a Meyer Lansky, uno de los hombres importantes de la mafia, experto en juego y lavado de dinero. Lansky aceptó el encargo y no aceptó ninguna remuneración. Era judío y para él era una cuestión de honor.

Meyer Lansky reclutó a los llamados Chicos de Brownsville, también llamados Murder Inc, peligroso grupo de crimen organizado compuesto en su mayoría por miembros judíos e italoamericanos. Pero si bien la banda tenía un largo historial de asesinatos, para esta misión, todos los hombres -judíos- reclutados recibieron una consigna clara del rabino reformista Stephen Wise: “no habría muertes”.

Los hombres del hampa se pusieron manos a la obra. Por todo Estados Unidos se presentaban los Chicos de Brownsville y amedrentaban a los manifestantes nazis. Si bien es cierto que no hubo muertos, los métodos agresivos de los gangsters sí dejaban huesos rotos y bastantes heridos. Pronto el miedo cundió entre los miembros de la German American Bund y las protestas fueron cada vez menos numerosas e incluso se desconvocaban. Una de las más célebres fue la pelea de Yorville, en Nueva York, que era territorio del grupo nazi. Pero los chicos de Lansky no paraban ante nada.

Aún así, Kuhn echó el resto en publicidad y propaganda para su acto más importante y en febrero de 1939 reunió a 20,000 personas en el Madison Square Garden. Allí se mofó de Franklin D. Roosvelt intentando judaizar su apellido como Rosenfeld y llamando al New Deal, el Jew Deal y con frases como “hay que proteger a Estados Unidos de una raza que no es la raza estadounidense, que ni siquiera es una raza blanca… Los judíos son enemigos de Estados Unidos.” Pero el discurso se interrumpió con un estallido de violencia cuando un indignado fontanero judío de Brooklyn, Isadore Greenbaum subió al escenario y arrancó el cable del micrófono. Greenbaum fue golpeado y desnudado hasta que la policía consiguió rescatarlo. Al día siguiente, el heroico gesto de este hombre acaparó toda la atención en los periódicos y eclipsó el acto en el que Khun había puesto todas sus esperanzas.

Fue el canto de cisne de Khun que ese mismo año acabó en la cárcel de Sing Sing por evasión de impuestos y malversación (se gastó 14,000 dólares de la época con una amante). En 1945 fue deportado a Alemania. Salió de la prisión poco antes de morir en 1951.

Esta historia de gangsters que cumplen su palabra y se enfrentan al nazismo en Estados Unidos se puede leer en el fantástico libro, casi un True Crime,  de Michael Benson, Gangsters vs. Nazis, How Jewish Mobsters Battled Nazis in WW2 Era America publicado este mismo año por la editorial Citadel.