Un cuadro del pintor judío Camille Pissarro sirvió de ayuda para que una familia escapara del horror nazi. Casi cien años después, los descendientes de esa familia todavía luchan por recuperar lo que perdieron bajo la amenaza de la barbarie.

Aunque hubo otros antes, seguramente Camille Pissarro (Jacob Abraham Camille Pissarro) fue el primer artista judío en alcanzar la gloria universal del arte. Pissarro nació en Las Islas Vírgenes, en aquel momento todavía colonia del reino de Dinamarca. Sus padres, Abraham Gabriel Pissarro, sefardí de origen portugués nacido en Burdeos, y su madre, Rachel Manzano-Pomié, sefardí de origen español, lo educaron en una cultura judía laxa.

A los 22 años abandona su hogar burgués y se embarca hacia Venezuela, para acabar en París donde asiste a varias academias y conoce a algunos de los que le acompañaran el movimiento impresionista como Claude Monet o Paul Cézanne que, de hecho, acabó siendo su alumno, como lo fue más tarde también Paul Gauguin. Cofundador del grupo impresionista, fue uno de los pocos que estuvo presente en las famosas ocho exposiciones impresionistas entre 1874 y 1886.

Si bien no se aprecian signos de la cultura judía en su obra, al contrario que algunos maestros posteriores como Marc Chagall (Moshe Segal), que plasmó muchos temas religiosos en sus obras, Pissarro era conocido por sus colegas con el sobrenombre de Moisés y el famoso caso Dreyfus*, ya en los últimos años de su vida, hizo que rompiera relaciones con algunos de sus compañeros de grupo. Cortó su intensa amistad con Degas y se distanció de Cézanne y Renoir que hicieron gala de un fuerte antisemitismo.

Pero su relación con lo judío siguió después de su muerte en 1903. En los años veinte del siglo XX, el matrimonio judío Lilly y Otto Neubauer disfrutaban de una cómoda vida en Múnich, y entre sus propiedades se encontraba el cuadro Rue Saint Honoré por la tarde. Efecto de la lluvia, pintado en 1897 y vendido solo tres años más tarde al empresario judío alemán Julius Cassirer, padre del primer marido de Lilly. Pocos años más tarde, el terror nazi se cernía sobre los judíos y el matrimonio necesitaba salir del país. Conseguir el permiso parecía una misión imposible pero la venta forzosa del cuadro a cambio de una cantidad simbólica (900 marcos imperiales) y de los visados, les permitió huir de Alemania y llegar a Oxford donde el Dr. Neubauer volvió a ejercer. Lilly acabó viviendo en los Estados Unidos con su nieto Claude Cassirer.

Lilly CassirerEl periplo del cuadro, no obstante, siguió. El marchante que lo adquirió pensó que el lienzo tendría poca salida por ser poco ario y lo malvendió a otro marchante que intentó huir de Europa con él, pero que fue descubierto y detenido por la Gestapo. El cuadro entonces pasó a manos del pintor alemán Ari Walter Kampf y se vendió en una casa de subastas de Berlín, en 1943, a un comprador desconocido.

El cuadro se dio por perdido y en 1948 Lilly pidió una indemnización al estado alemán que, diez años más tarde, le concedió 120,000 marcos y reconoció a Lilly como propietaria legal de la obra.

Pero tras pasar por varias manos, finalmente, en 1976, el barón Thyssen-Bornemisza compró el cuadro en una subasta en Nueva York por 275,000 dólares y, casi veinte años después, el estado español lo compró a su vez, incluido en la colección Thyssen por la que pagó 360 millones de dólares. En el año 2000, Claude se enteró de la supervivencia y ubicación del cuadro que su bisabuelo había regalado a sus abuelos y que había sido fundamental para escapar del horror nazi y empezó un largo y tortuoso proceso de reclamación judicial.

Claude murió en el año 2010 y solo uno de sus dos hijos, David, sigue con vida. Pero a pesar de dos primeros reveses judiciales, el descendiente de Julius Cassirer sigue adelante para que se haga justicia y se restituya la propiedad de un cuadro intrínsecamente unido a la historia de su familia y ha apelado al Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Ha habido más casos de cuadros de Pissarro que cambiaron de manos bajo el régimen nazi, como La cosecha de guisantes, que le fue expropiado a Simon Bauer, durante la ocupación alemana de Francia, en 1943. Los descendientes, en este caso, sí que consiguieron la devolución de la obra que había sido comprada en los años 90 por unos coleccionistas.

Lo que sí parece evidente es que la obra del primer gran pintor judío de la historia sigue vinculada con las vidas de su pueblo más de cien años después de su muerte.

* El célebre caso de antisemitismo en Francia por el cual se acusó y condenó injustamente a Alfred Dreyfus de espionaje y de alta traición, y que puso en marcha una virulenta campaña difamatoria en la prensa que polarizó a la sociedad y acabó movilizando a la intelectualidad francesa, sobre todo a Émile Zola, que escribió su famoso J’accuse.