Billy Wilder fue uno de los cineastas más inteligentes y perspicaces que ha dado Hollywood.  Uno de los pionero del cine noir, maestro de la comedia y talentosísimo en el drama, ganó seis premios Oscar y nos dejó dos docenas de películas entre las que encontramos muchos clásicos del cine.

Es imposible entender la historia del cine sin los grandísimos directores judíos. Desde Ernst Lubitsch a David Cronemberg, pasando por George Cukor, Stanley Kubrick o los hermanos Coen. Pero si hay un director judío que ha marcado la historia del cine, ese es Billy Wilder

Samuel Wilder (tomó el “Billy” de su madre, lo que llevó a malentendidos hilarantes porque su hermano, también cineasta, se llamaba William) nació en Sucha, hoy parte de la Galitzia polaca pero entonces parte del Imperio Austrohúngaro) en el seno de una familia judía. La familia se mudó a Viena, donde Wilder, tras pasar por el colegio, se matriculó en Derecho, que no llegó a terminar para perseguir el sueño de ser periodista. Trabajó en varios medios austríacos, entre ellos el sensacionalista Die Student. Para ese periódico intentó entrevistar nada menos que a Sigmund Freud, que lo echó de su casa con cajas destempladas al enterarse del medio para el que trabajaba. Se dice que el psiquiatra de Primera Plana fue la venganza cinematográfica de Wilder. En Viena entrevistó a músicos y gente del espectáculo que le sirvieron para trasladarse a Berlín.

En Berlín hizo de cronista en varios medios pero a menudo era despedido por su tono irónico. Sus vaivenes profesionales le llevaron incluso a hacer de bailarín para ganarse la vida. Pero también empezó su obsesión por el cine y empezó a trabajar de guionista para diferentes directores. Su carrera empezaba a consolidarse pero el ascenso de Hitler en 1933 le obliga a huir a Francia. Una vez en París, debuta como director junto al director húngaro Alexandre Esway (Sándor Ezry). Fue su primera experiencia como director (Esway apenas pasó por el rodaje) en una producción con muy pocos medios. El mismo Wilder dice: “Dirigí por pura necesidad y sin ninguna experiencia. No puedo decir que me divirtiera. . . Había mucha presión. La gente depende de ti, y tú no tienes realmente el control, pero no puedes demostrarlo, o todos se ponen nerviosos. . . Yo, solo, era responsable de todo, ¡de todo! Tenía que ser todo el mundo, desde la productora hasta la guionista. Yo era un extra, no porque estuviera tratando de hacer un Hitchcock, sino porque no podíamos permitirnos más personal». Billy Wilder viajó a Hollywood antes de que se estrenara la película y pasarían ocho años antes de que pudiera volver a dirigir.

La familia de Wilder sufrió las garras del Holocausto. Su madre murió ejecutada por los nazis en el terrible campo de Plaszow y su abuela murió asesinada en el campo de exterminio de Bełżec. También su padrastro fue víctima de los nazis en 1943.

Ya en Estados Unidos empieza a trabajar como guionista para la Paramount. En 1939, año en el que le es concedida la nacionalidad, se estrena la película Ninotchka, dirigida por Ernst Lubitsch, que supuso su primera nominación a los premios Oscar. La película suponía un cambio para la estrella Greta Garbo que se adentraba en el terreno de la comedia. De hecho el cartel decía: Garbo laughs (Greta Garbo se ríe) En 1942 dirige su primera película americana El mayor y la menor, pero su primer gran éxito llega dos años más tarde con Perdición, hoy un gran clásico del cine. Con Fred MacMurray, Edward G. Robinson y Barbara Stanwick. El guion lo escribió con Raymond Chandler con el que tuvo una relación difícil. La cinta es una de las pioneras del cine negro y sedujo a la crítica y al público.

Poco después ganaría el Oscar a la mejor dirección y al mejor guion por Días sin huella. Y empezaría una producción sin igual en Hollywood con cintas como El crepúsculo de los dioses, La tentación vive arriba, su primera película con Marilyn Monroe que incluye la icónica escena de la falda movida por el aire del metro, Con faldas y a lo loco y, por supuesto, El apartamento, una de las obras cumbre del cine que, por cierto, incluye el término yidis “mensch” (Be a ‘mensch’!). Con El apartamento consiguió ser el primer cineasta en ganar tres Oscar por la misma cinta (dirección, guion y película)

Poco después ganaría el Oscar a la mejor dirección y al mejor guion por Días sin huella. Y empezaría una producción sin igual en Hollywood con cintas como El crepúsculo de los dioses, La tentación vive arriba, su primera película con Marilyn Monroe que incluye la icónica escena de la falda movida por el aire del metro, Con faldas y a lo loco y, por supuesto, El apartamento, una de las obras cumbre del cine que, por cierto, incluye el término yidis “mensch” (Be a ‘mensch’!). Con El apartamento consiguió ser el primer cineasta en ganar tres Oscar por la misma cinta (dirección, guion y película).

En esa primera época tuvo muchos problemas con el Código Hays, que establecía que podía incluirse en una película y que no. Perdición tocaba un tema muy delicado, según el código, como el adulterio. Dias sin huella también daba en hueso al tratar el asunto del alcoholismo, pero el problema mas serio lo tuvo con Con faldas y a lo loco, que tuvo que salir sin el sello de aprobación del código por el travestismo de sus personajes.

Como todo cineasta, tuvo proyectos que no pudieron llevarse a cabo, como uno con los hermanos Marx (por la muerte de Chico), pero su filmografía está repleta de películas inolvidables como Irma la dulce, En bandeja de plata (en la que une por primera vez a la pareja cómica de Jack Lemmon y Walter Matthau), Primera plana o Avanti.

Su inteligencia e intuición como guionista y su mirada y control del tiempo como director lo convirtieron en uno de los mejores cineastas de la historia. En los ochenta dejó de dirigir; las compañías no querían arriesgarse a asegurar a un director de edad tan avanzada. Vivió veinte años desde su última película y posiblemente nos perdimos a un Wilder crepuscular y, quién sabe, quizás otra obra maestra.