La historia de Ángel Sanz Briz, aunque se va conociendo más, no tiene la difusión que se merece. El llamado Ángel de Budapest, salvó a más de 5,000 judíos en la Hungría ocupada por los nazis.
Ángel Sanz Briz (Zaragoza, 1910) llegó a la embajada de Budapest para sustituir a Miguel Ángel Mugiro que había visto los asaltos a comerciantes judíos y no estaba cómodo con el servilismo húngaro con las autoridades nazis. Pero Sanz Briz, desde su llegada, participó en reuniones secretas para intentar ayudar a los judíos en un entorno en que las autoridades húngaras incluso habían invitado a Adolf Eichmann a Budapest para supervisar las deportaciones.
El diplomático español, desde su llegada, alertó a Madrid del trato a los judíos en Budapest. Pero poco después le llegó un informe, escrito por dos presos judíos eslovacos que habían escapado de Auschwitz, Rudolf Vrba y Alfred Wetzler. En él se detallaban todas las monstruosidades del campo y alertaba «sobre el trato a que se condena a los judíos en los campos de concentración alemanes». El dosier incluía un croquis del campo y su contenido fue de gran utilidad en los juicios de Nuremberg en 1945. El régimen franquista no quería intervenir y dificultar sus relaciones con el Tercer Reich.
Sanz Briz, acogiéndose a un Real decreto de Primo de Rivera de 1924 por el que se le otorgaba nacionalidad española a cualquier ciudadano de origen sefardí, consiguió convencer a los gobiernos, español y húngaro, para salvar a 200 judíos de origen sefardí, otorgándoles pasaporte español. Pero no fueron 200. Aunque la mayoría de los judíos de Hungría eran askenazíes, firmó pasaportes provisionales, documentos de protección y pasaportes permanentes que salvaron a 5,200 personas.
Aprovechando el desorden burocrático del momento, a todos les daba un numero de pasaporte inferior a 200. Él mismo lo explicó:
“Conseguí que el gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (…) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200.”
Para acoger y proteger a las personas amparadas en los documentos, Sanz Briz costeó de su bolsillo el alquiler de 11 edificios en los que no solo alojó a miles de judíos sino que abanderó los edificios como si fueran parte de la legación española, colocando señales en cada edificio en los que se podía leer «Anejo a la legación española. Edificio extraterritorial».
Con el ejército rojo a las puertas, el gobierno español destina a Sanz Briz fuera de Hungría. Pero su labor la continúa el italiano Giorgio Perlasca (que cambia convenientemente su nombre a Jorge y que había estado ayudando a diplomático español) que simula ser el sustituto provisional del embajador al frente de la embajada española a la espera del retorno (que nunca habría de producirse) de Sanz Briz. El falso cónsul, que colaboró a esta heroica hazaña, mantuvo en secreto su participación durante 30 años, hasta que una comunidad judía de Hungría empezó a buscar a sus salvadores.
En el otoño del año 2021, el Centro Sefarad-Israel con el apoyo de Archivo General de la Administración difundieron las listas de las personas a las que salvó El Ángel de Budapest. Una iniciativa que pretende buscar a los familiares y reconstruir sus historias y su memoria. Y, por supuesto, homenajear al llamado “Schindler español” que se rebeló ante los actos deshumanizados y brutales del nazismo.
Ángel Sanz Briz recibió póstumamente el título de Justo entre las naciones por el centro Yad Vashem en memoria de las víctimas del holocausto, su figura ha protagonizado varios documentos cinematográficos y una calle de Madrid y una avenida de Budapest llevan su nombre. Sin embargo, su nombre no ocupa el lugar que debiera en el imaginario de todos.