Rosario Weiss fue uno de los talentos pictóricos más deslumbrantes de principios del siglo XIX, sin embargo es una desconocida para el gran público.

Es posible que, si usted no es un gran aficionado a la Historia del Arte, no tenga ubicada la figura de Rosario Weiss, la gran pintora y dibujante, de origen judío, que fue discípula de Goya. Puedes encontrar alguna de sus obras en el Museo del Prado, la Hispanic Society de Nueva York, el Museo Lázaro Galdiano y otros centros españoles o franceses.  Con tesón y mucho talento, consiguió labrarse una carrera que quedó truncada por su prematura muerte con menos de 30 años

Rosario Weiss era hija de Isidro Weiss y de Leocadia Zorilla, mujer avanzada a su tiempo, de férreas convicciones políticas y, por lo que sabemos, de fuerte carácter. Leocadia se separó y se fue a vivir con dos de sus hijos, Rosario y Guillermo a la Quinta del sordo, la casa de Goya en la que vivió sus últimos años en España y que, contrariamente a lo que se pueda creer, no debe su nombre a la sordera del pintor aragonés. Allí Leocadia, sus hijos y el viejo maestro disfrutaban de una vida familiar (sobre la naturaleza de la relación se ha especulado mucho, pero parece que era más bien una relación de afecto y amistad) y las dotes de la niña Rosario para el dibujo llevaron a Goya a decidir hacer las veces de profesor.

Esa educación, no formal, se encuentra muy documentada. Rosario, de menos de diez años, copiaba, terminaba o retrazaba los dibujos creados por Goya a tal efecto, a saber, mendigos, frailes borrachos, niños, caricaturas o pequeños retratos. Ese trabajo conjunto, a menudo a cuatro manos, ha complicado atribuir la autoría de algunos dibujos de aquella época.

Unos meses después de que Goya partiera hacia Burdeos, Leocadia y sus hijos se reúnen con él en la ciudad francesa. Su indisimulada adscripción a los movimientos liberales, y la participación de Guillermo en la milicia nacional, hacían de los miembros de la familia Weiss claros candidatos de la depuración ordenada por Fernando VII.

Una vez en Francia, tras un fallido intento de enviar a Rosario a París para aprender miniaturas, siguió trabajando con Goya, que dibujaba para su réplica animales de la casa de fieras de Burdeos o motivos circenses. Pero también entró de alumna con Pierre Lacour, hijo, que era de la escuela más academicista. En esta época Rosario empieza a firmar algunos dibujos, alguno como Mariquita, apodo cariñoso con el que se conocía a la niña en la casa bordelesa de Goya.

En 1928 el pintor enferma y muere, dejando a Leocadia y a la talentosa adolescente en una situación complicada. Leocadia daba por hecho que Goya les dejaría en su testamento recursos suficientes para salir adelante, pero solo les dejó un mes de alquiler pagado, algunas obras (entre ellas La lechera de Burdeos, que acabó vendiendo, y algunos caprichos). Afortunadamente, Francia la reconoció como refugiada política y le otorgó una pensión.

Rosario, con la ayuda de Lacour, miembros de la burguesía de Burdeos y de la amplia comunidad judía de la ciudad -en su mayoría de origen sefardí-, siguió su formación pictórica y empezó a destacar con algunas obras como Una dama judía de burdeos, muy influida por Ingres, o la litografía El Genio de la libertad, que representa el intento de derrocar a Fernando VII por un grupo de soldados comandados por Espoz y Mina. Esta litografía nos confirma que Leocadia había legado a sus hijos el compromiso político y, no en vano, su hijo Guillermo era uno de los 700 hombres que, infructuosamente, intentaron derrotar al rey desde Francia.

En 1833, la reina regente María Cristina de Borbón, decreta una amnistía y Rosario puede volver a Madrid. Allí se gana la vida copiando cuadros del Museo Real de Pintura y de la Academia de San Fernando, que era una actividad muy demandada en la época. Cuadros de Goya, de Murillo, de Zubarán o de Tiziano. Pero también empieza a exponer en el Liceo artístico y en la Academia de San Fernando.

Su fama fue creciendo, empieza a ser una pintora muy valorada y consigue, en 1840, ser académica por méritos artísticos, importantísimo para su carrera y muy difícil para alguien de su edad, que además era mujer. Pinta estudios, paisajes y retratos de Zorrilla, Mesoneros Romanos, la esposa de Ventura de la Vega, los duques de San Fernando y otras figuras del Madrid de la época.

Goya por Rosario Weiss

Goya por Rosario Weiss

La reina María Cristina la contrató como instructora de dibujo de la infanta Luisa Fernanda y de la futura Isabel II, y consiguió así una buena posición económica. Todo apuntaba en que se iba a convertir en una estrella de la pintura, pero el cólera se la llevó antes de cumplir los 29 años.

La figura de Rosario Weiss estará siempre ligada a Francisco de Goya, incluso en 1956 se le atribuyeron a ella los 77 dibujos que hasta entonces se creían obra del pintor de Fuendetodos. Pero esta pintora poco conocida brilló con luz propia y solo una muerte prematura impidió que continuara ampliando su obra y que hoy ocupara su sitio de honor en la posteridad y en las mejores pinacotecas del mundo.