Autor de largo recorrido, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) convirtió a una familia judeoespañola en protagonista de su novela “La buena reputación” (Seix Barral, 2014), obra con la que se alzó con el Premio Nacional de Narrativa en 2015. Un retrato que arranca en Melilla durante los años del Protectorado.

El escritor nos brinda la excusa perfecta para recordar una novela que aunaba el análisis minucioso de una deriva familiar y la documentación de un pasado español relativamente cercano, en palabras de Santos Sanz Villanueva. De ahí que la comunidad sefardí, en la que tuvo oportunidad de profundizar con precisión, centre la charla.

-La comunidad judeoespañola, ¿sigue siendo una gran desconocida para la sociedad española, de la que forma parte? 

Sí. Su historia ha sido silenciada durante mucho tiempo. A finales del siglo XIX se inició un movimiento de reparación histórica por la expulsión de 1492, pero el franquismo la devolvió al silencio. La propia comunidad, a la vista de una retórica antisemita que se mantuvo hasta el final, optó por mantener un perfil bajo.

-¿Influye el hecho de que buena parte de esa comunidad tenga su origen en la Ciudad Autónoma de Melilla?

Es uno de los motivos. Tras la desaparición del Protectorado, Melilla perdió su área de influencia y su importancia fue poco a poco decayendo.

-Usted, en “La buena reputación” (Seix Barral, 2014), realiza un retrato de ese mundo judeoespañol melillense… ¿Cómo surgió la idea de la novela? ¿Tenía contacto previo con la comunidad?

En un viaje a Melilla trabé amistad con Moisés Salama, miembro de una vieja familia judeoespañola. Las historias que me contó sobre Melilla y sobre su propia familia están entre las fuentes principales de inspiración para esa novela. Por otro lado, el tema del final del Protectorado era muy atractivo para un novelista, aunque sólo fuera porque muy pocos escritores lo habían contado.

-¿Cuáles son las figuras sefardíes que más le han impresionado, en la Historia de España? Porque todavía existen muchas personalidades que, por su conversión, ni siquiera han sido consideradas judías, el caso de Mendizábal, por ejemplo. E incluso Teresa de Jesús…

Me fascinan las historias de las familias sefardíes que, saliendo de España, han acabado repartiéndose por medio mundo. Entre esas historias están las de las familias de Elias Canetti y Edgar Morin. Ambos escribieron dos maravillosos libros de memorias familiares: la trilogía de Canetti reunida bajo el título “Historia de una vida” y el libro de Morin dedicado a la figura de su padre, titulado “Vidal y los suyos”. Ambos libros son una pequeña pero completa historia del mundo a través de sendas familias sefardíes.

-Su novela habla de la huida de los judíos en la España franquista… ¿Cuál fue el papel del dictador con respecto a los judíos españoles?

Ambigua. Siguió creyendo en conspiraciones judeo-masónicas-comunistas hasta el final, pero en los momentos de mayor persecución permitió que bastantes de ellos huyeran por territorio español hacia países más seguros.

“Me fascinan las historias de las familias sefardíes que, saliendo de España, han acabado repartiéndose por medio mundo. Entre esas historias están las de las familias de Elias Canetti y Edgar Morin”

-Escribió Francisco Solano, acerca de sus personajes: “Gente afectada por la historia, pero que se amparan en el ámbito doméstico; y allí moldean el carácter y los sentimientos de pertenencia”… ¿Entiende usted que ese sentimiento de pertenencia, la identidad de que tanto se habla en estos tiempos, debería ser más íntima que otra cosa?

El problema del sentimiento de pertenencia es que, cuando se exacerba, da lugar a la xenofobia: nosotros somos más de aquí que vosotros, nosotros llegamos antes, esta tierra es más nuestra que vuestra… Pero ese sentimiento forma parte de la naturaleza humana y, tratándose de una comunidad perseguida a lo largo de los siglos, era inevitable que los lazos internos se fortalecieran. Para ellos era casi una cuestión de supervivencia.

-¿Cómo viven esa doble identidad, la española y la que les hace pertenecer a una comunidad concreta -la judía-, sus personajes?

Sin demasiados conflictos, como comprobé que ocurría en algunas familias judías de Melilla.

-¿Le influyó el crecimiento del antisemitismo, o su muestra manifiesta más bien, en Europa, concretamente en Francia, a la hora de abordar la historia?

No lo tuve muy presente. Las realidades francesa y española son muy diferentes.

-¿Es la historia del Protectorado español una marginada en la Historia de nuestro país? ¿Cree que se estudia lo suficiente?

Es un mundo al que la sociedad española ha vuelto la espalda. Y  no deja de ser extraño, porque no hace tanto tiempo que algunos territorios del norte de África estaban bajo administración española, algunos de ellos incluso con categoría de provincia. Recientemente, si ha despertado el interés de algunos escritores, ha sido sobre todo por su exotismo.

-¿Cree que comunitarismo e individualismo se enfrentan, de alguna manera? ¿O más bien el comunitarismo es un antídoto contra el individualismo, pero una rémora para la libertad individual?

En el caso de los judíos españoles siempre me ha parecido que se complementaban, lo cual es positivo.

-¿En qué proyecto está inmerso ahora, en este momento? ¿Esta época le resulta más inspiradora que inquietante, o ambas cosas a la vez?

Estoy escribiendo una novela cuya acción transcurre en el Madrid inmediatamente posterior a la Guerra Civil. Hay pocas épocas más inquietantes en la historia de España.

Foto: Elena Blanco.