La medicina estaba tan ligada a los hebreos en Sefarad que, de hecho, en el siglo XII la profesión era ejercida casi de manera exclusiva por judíos.

La comunidad judía tiene hoy un peso incontestable tanto en la investigación como en la práctica de la medicina, pero además la cultura médica actual le debe mucho a los médicos hebreos de la Edad Media en la península ibérica.

Rambam o MaimónidesLa atávica relación de la práctica de la medicina y los judíos se remonta, en parte, a la Edad Media en la península ibérica. Si bien la base de la ciencia médica en este periodo era de origen griego, los judíos supieron combinar el estudio de los textos helenos y los compendios de uso médico árabes y convertirse, durante un periodo considerable de tiempo, en el referente principal de la ciencia médica en toda la península y, por extensión, en el germen de la cultura médica en occidente. Quizás el más destacado es el cordobés Moisés ibn Maimón (Rambam o Maimónedes), muy célebre por sus textos filosóficos, éticos y religiosos pero que devino en uno de los médicos más trascendentes de la historia de la medicina. Sus textos, que beben de Hipócrates o de Galeno -pero también de coetáneos islámicos como Averroes- tratan enfermedades como el asma, la neumonía o la diabetes, se refieren a la vida saludable y son pioneros en asuntos de nutrición. Rambam fue el médico de Saladino y de toda la familia real. Pero antes que él, otros fueron médicos de gran relevancia histórica, como Ibn Shaprut en el siglo X.

La medicina estaba tan ligada a los hebreos que, de hecho, en el siglo XII la profesión era ejercida casi de manera exclusiva por estos. En un momento histórico de relativa tolerancia entre las tres culturas, todo el que padecía una enfermedad buscaba un médico judío. La avidez de conocimiento, la concepción del hombre como un todo, la movilidad, la dispersión, al carácter políglota y las conexiones de la comunidad, hicieron que fueran los judíos los que acabaran aglutinando el conocimiento y la práctica médica. En el siglo XIV y XV, incluso los reyes católicos, como Enrique III de Castilla, contaban con médicos judíos como Meir ben Salomon Alguadex -que compiló un recetario de los más prestigiosos médicos de su época- o su hijo Juan II, que fue tratado por el célebre Alonso Chirino, que era judío converso

De la expulsión a nuestros días

Como bien indica Adriana Hernández en su Los judíos y la medicina, tras la expulsión, se produjo un vacío en la medicina española, que tuvo su continuidad en los judeo-conversos y en el exilio, lo que hizo expandir el conocimiento médico a otras latitudes. Es casi imposible entender la evolución de la medicina en los siglos posteriores sin la aportación del conocimiento atesorado por la comunidad médica hebrea.

A día de hoy, hay nada menos que sesenta y un laureados judíos con el Premio Nobel de Medicina, cerca de una cuarta parte de todos los ganadores. Muchas de las dolencias que afectan a pacientes en todo el mundo llevan el nombre de un médico judío que investigó la enfermedad o su tratamiento, como el sarcoma de Kaposi (del dermatólogo Moritz Kaposio) o el síndrome de Crhon (de Burril B. Crhon que describió la dolencia junto a sus colegas Ginzburg y Oppenhaimer). Así mismo,  una gran cantidad de los centros médicos de origen judío son referencia indiscutible en el mundo de la medicina, como el Mount Sinai de Nueva York, originalmente llamado Jews’ Hospital y creado para atender a la inmigración judía, y que ha dado grandes nombres de la medicina universal como Abraham Jacobi, considerado uno de los padres de la pediatría contemporánea.