“Mis recetas de cocina sefardí” de Mimí Abecasis de Castiel es un recetario que nos sumerge en una cocina atávica de sabor mediterráneo.

Casi todas las tradiciones culinarias se han ido transmitiendo en el núcleo familiar, de generación en generación. Pero la supervivencia de la gastronomía sefardí es casi milagrosa. Y cada una de las recetas es historia viva del devenir de un pueblo y de cada familia.

Uno de los libros pioneros en recopilar más de un centenar de recetas sefardíes fue, hace casi veinte años, “Mis recetas de cocina sefardí”, de la hoy nonagenaria Mimí Abecasis de Castiel. El interesantísimo recetario, ahora reeditado por El Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, (su primera edición se agotó con tal celeridad que apenas pudo llegar a las librerías), está explicado con el mimo de la cocina de verdad, con cucharadas y no con gramos, y organizado de modo que su consulta resulta sencilla y práctica. Un libro que te incita a los fogones desde la primera receta.

La cocina sefardí ha pasado de abuelas a madres y de madres a hijas. Mimí no conoció a sus abuelos y perdió a su padre cuando ella contaba tan solo con 12 años. Pero conoció a sus dos abuelas y a su madre que la instruyeron en esta deliciosa cultura gastronómica.

Mimí nació en el Larache del Protectorado Español, en una época próspera en la que, como su vecina Tánger, era un centro cosmopolita, con cines y teatros, en la que convivían las comunidades judía, cristiana y musulmana en razonable concordia. Prueba de ello es que, a pesar de ser una familia judía, ella estudiaría con las monjas franciscanas de Nuestra Señora de los Ángeles, como lo habría hecho su madre antes que ella.

En la posguerra las cosas se pusieron más espinosas y al casarse se mudó a Casablanca (otro centro internacional al que llamaban “Le petit Paris” en aquellos años). Pero son tiempos turbulentos, y al cerrar las bases americanas y recrudecerse las tensiones en Oriente Medio, la seguridad para una familia judía con niños no parecía garantizada y, en 1970, se instalan en Málaga.

Los inicios no son fáciles. A pesar de haber nacido en el protectorado español, las trabas burocráticas parecían insalvables. Aún así, consiguen abrir un pequeño negocio en Playamar, Torremolinos, y Mimí Abecasis se matricula en filología Hispánica y entra a trabajar de profesora de español en el Liceo Francés, donde trabajó hasta su jubilación en 1997.

Esta vida agitada, como las de otras muchas familias judías, orientada siempre al bienestar familiar, está también llena de tradición y de platos que perviven a lo largo de los años. Un vida de marronchinos glaseados, de adafinas con su pimentón, de orisas, de guisos de berenjena y de tartas de almendra.

Afortunadamente, hoy en día se avanza a pasos agigantados en la documentación y transmisión de la cocina sefardí. Talleres y publicaciones nos aseguran que este conocimiento culinario no se va a perder. Pero el mérito de salvaguardar estos platos está en madres que durante siglos han aprendido y enseñado los secretos de esta suculenta gastronomía de carácter mediterráneo. Y como hicieron sus abuelas y su madre, Mimí Abecasis de Castiel consigue que estas recetas perduren en el tiempo, y nos ofrece la oportunidad de hacernos partícipes de unos platos atávicos que forman parte de nuestra cultura y de nuestra historia y, por qué no, de nuestro paladar.