Saul Bellow es uno de los escritores que ha sabido retratar con más precisión la desorientación del hombre contemporáneo. Sus personajes son hombres corrientes, alejados del heroísmo, que no acaban de encontrar su sitio y que se asoman al precipicio del fracaso.

Hace casi 17 años nos dejó Saul Bellow, uno de los escritores más grandes del siglo XX y, por extensión, de toda la historia de la literatura universal. Algunos autores, como Martin Amis lo consideran “el autor americano más grande de todos los tiempos”.

Nacido en Canadá poco después de que sus padres abandonaran San Petesburgo, a los pocos años se mudó a la ciudad de Chicago. Su familia era una familia judía de origen lituano que había gozado de prosperidad en Rusia pero que en América no tuvo una vida cómoda. Su madre, que murió cuando él era un adolescente, quería que su hijo fuera rabino o violinista pero pronto su pasión por la literatura le hizo un lector voraz y un escritor muy precoz.

Culto, políglota (hablaba inglés, francés, hebreo, yidis y ruso) y muy comprometido políticamente, su intención era estudiar Literatura inglesa pero el antisemitismo del departamento le hizo decidirse por Antropología y Sociología. Profesor en innumerables universidades americanas, Saul Bellow fue un intelectual muy completo que nos dejó ensayos, relatos, una obra dramática y 14 novelas. Gano tres National Book Award, un Pulitzer y el Premio Nobel de Literatura en 1976. Se casó cinco veces y tuvo sus últimos dos hijos a los 84 años.

La obra narrativa de Bellow a menudo muestra el desconcierto frente a la modernidad y sus personajes se ubican en los márgenes sociales. La idea del éxito y, sobre todo, del fracaso, sobrevuela la vida de sus protagonistas que parecen huir de la heroicidad. Entre sus novelas más emblemáticas cabe destacar tres, escritas en diferentes décadas: Las aventuras de Augie March (1953), Herzog (1964) y El legado de Humboldt (1975).

Las aventuras de Augie March

La tercera novela de Saul Bellow se podría enmarcar dentro de género de la picaresca, con un protagonista inteligente y observador pero incapaz de tomar las riendas de su vida. Narrado en primera persona, esta novela nos desgrana la peripecia vital, desde la infancia hasta la madurez, de Augie March, que vive en Chicago en una familia de pocos recursos con un padre ausente, su madre casi ciega, un hermano decidido y ambicioso y otro hermano con discapacidad intelectual. Una vecina rusa, que hace las veces de abuela cascarrabias, es un personaje fundamental que intenta guiar a Augie en su desorientación existencial. La novela nos lleva por los diferentes trabajos (nunca duraderos) de Augie, por sus pequeñas aventuras delictivas , sus relaciones con diferentes mujeres y por las consecuencias de su falta de determinación, siempre arrastrado por la corriente de los acontecimientos.

Bellow hace crecer al protagonista y, a pesar de no ser especialmente virtuoso, consigue que el lector sienta empatía por las aventuras, y sobre todo desventuras de Augie March.

Herzog

Ya en su momento fue un acontecimiento editorial que, sin embargo sufrió todo tipo de vicisitudes hasta verse publicado, incluido el robo en una estafeta de correos de las galeradas del libro con las últimas correcciones del libro. Saul Bellow sabía que se trataba de una obra clave en su carrera: la había reescrito varias veces y corregido hasta la extenuación e incluso había cambiado varias veces de título. La novela relata la desazón del profesor universitario Moses Herzog (nacido en Canadá, judío y de origen ruso) que escribe cartas mentales, que nunca envía, llenas de amargura y de sensación de fracaso. Su segundo matrimonio se ha ido a pique porque su mujer se ha enamorado de un compañero y amigo. Herzog es al tiempo una novela de campus (la universidad sirve de paradigma de su propia vida) y un texto sobre la angustia del hombre moderno de mediana edad. La perplejidad frente al mundo, la salud mental, las relaciones, el compromiso son algunos de los ingredientes principales con los que se construye esta inmensa obra literaria.

Entreverado de humor, Herzog tiene muchas concomitancias con la biografía de su autor cuya segunda mujer, igual que en la novela, tuvo un sonado affaire con un buen amigo suyo. Incluso hay quien entendió este libro como una venganza literaria.

El legado de Humboldt

Esta novela (también interpretada por muchos como un roman à clef) aborda de nuevo la zozobra vital de sus personajes, en este caso un escritor, Charlie Citrine, y su antiguo mentor y maestro, Von Humboldt Fleisher. El contraste de sus carreras, la antigua amistad ya perdida, la muerte de Humboldt son el punto de partida de este libro lleno de reflexiones políticas, filosóficas y sobre el papel de arte. Citrine, el narrador de la novela, se está divorciando, tiene turbias y peligrosas relaciones con un mafioso y su vida se está desmoronando. Un misterioso legado en el testamento de Humboldt parece ser su única esperanza. Conocer en qué consiste esta herencia, y si realmente podría enderezar la vida de Citrine, es el motor de este libro que, otra vez, nos presenta a un personaje atribulado a través del cual Bellow indaga en el esquivo significado del éxito y del fracaso.

Saul Bellow es uno de los representantes de la gran novela americana pero sus obras son universales y hablan de nosotros, de nuestras expectativas y nuestros sueños. Pocos autores tienen ese don para diseccionar la condición humana y mostrarnos su grandeza y sus miserias, su luz y sus sombras.