Jews Don’t Count” no solo ha sido un éxito de público; ha resultado ser un revulsivo para poner el foco de la conversación en un punto muy necesario.

Hay un libro que está pegando fuerte en las librerías del Reino Unido y que, muy probablemente, no será editado en español o, cuando menos, no en fechas cercanas. Está escrito por un cómico, guionista y presentador de renombre en tierras inglesas, llamado David Baddiel. El autor tiene algún libro juvenil editado en nuestro país pero eso no parece que le vaya a abrir las puertas del mercado editorial en español.

El ensayo se llama Jews Don’t Count y lanza una reflexión sobre la tolerancia general (en especial de la izquierda más concienciada y combativa contra la discriminación) con el antisemitismo.

El libro empieza con algunos ejemplos de esa permisividad lacerante en el ámbito literario. Uno de ellos es en el año nuevo de 2007 en la Radio 4 de la BBC. Jeremy Irons lee la poesía completa de T.S. Eliot (Premio Nobel de Literatura en 1948) en la que se incluyen algunos versos antisemitas. Incluye su poema Gerontion, de connotaciones antisemitas y su poema “Burbank with a Baedeker: Bleistein with a Cigar” que reza:

The rats are underneath the piles. / The Jew is underneath the lot.

Para salvar ese momento, la BBC lleva al abogado judío Anthony Julius que además había escrito algún texto sobre el antisemitismo del poeta. Julius explicó cuan común era ese sentimiento en esa época y que Eliot había convertido ese sentimiento en Arte. Esto es, como la poesía redimía al autor angloestadounidense de esa probable carga de odio. Baddiel remarca lo inverosímil que sería que la BBC hiciera eso mismo con otra minoría oprimida, por ejemplo, la raza negra.

También se hace eco de una reseña de la novela Antkind de Charlie Kauffman en el periódico progresista The Observer en la que se afea que el narrador protagonista hable siempre desde el privilegio blanco, hombre, cis y hetero. El protagonista y narrador, no obstante, es un judío que es víctima de varios comportamientos antisemitas, lo que es omitido en la reseña en cuestión.

David Baddiel nos da otros ejemplos de cómo para los movimientos de defensa de las minorías, los judíos “no cuentan”, como una pintada en el museo Dickens que decía “Dickens era un racista” a raíz de una carta contra los indios en 1857. Para el autor, es muy curioso que sea esta carta la que despierte las conciencias sobre el racismo de Charles Dickens cuando su personaje Fagin, de Oliver Twist, es un claro ejemplo de racismo que ha estado a la vista de todos durante casi dos siglos.

Jews Don’t Count, que ha escalado hasta la tercera posición entre los libros más vendidos en el Reino Unido, se cuestiona el motivo por el cuál los judíos no entran en la categoría de los damnificados y sí en la de los privilegiados y poderosos (el establishment) y se hace eco de cómo la izquierda está dejando fuera de juego a muchos judíos tradicionalmente identificados con ideas progresistas.

Los judíos han sido denostados por personalidades destacadas como Charlie Sheen, Mel Gibson o Galiano y cada cierto tiempo un nuevo desatino sale a la luz. Y el libro pone de manifiesto que si la cultura woke tiene un sentido, debe contener también a los judíos.

A pesar de que la publicación cuenta con importantes valedores, como Stephen Fry, Hugh Laurie o Sarah Silverman que hablan del texto como una obra maestra y de que abre una nueva puerta cuando parecía que sobre el antisemitismo estaba todo escrito, tal y como abríamos este artículo, el libro tiene pocas posibilidades de publicarse en nuestro país. No por la bisoñez de los editores sino porque la óptica y los ejemplos son muy anglosajones. Sin embargo, el asunto es absolutamente universal y también aquí deberíamos plantearnos si deberíamos levantarnos más efusivamente contra el antisemitismo para que nadie pueda reprocharnos que “ los judíos no cuentan” tampoco aquí.