si miras con el takto de los siegos

verash ke sus eskritos

avlan de kozas

ke mui muncho

vale la pena

guadrar

Myriam Moscona es una premiada poeta y novelista mexicana de origen búlgaro sefardí. Sus obras se han traducido a una docena de lenguasy ha ganado el premio Harold Landon Morton, otorgado por la Academia de Poetas Americanos y el PEN International Center, el premio Nacional de Poesía Aguascalientes y el Premio Xavier Villaurrutia. Su trabajo literario con el ladino se fragua en su novela Tela de Sevoya (ed. Acantilado), que es una indagación de la memoria, de la colectiva -la de un pueblo-, de la propia y de la familiar con la lengua de su abuela como uno de los asideros sentimentales. También en el hipnótico poemario en judeo-español Ansina, que huye de los asuntos más transitados en la lírica en esta lengua para ofrecernos una poesía moderna y sonora que te incita a leerla en voz alta.

-Siempre has sido pesimista con el futuro del ladino, una lengua sin estado y con poca academia. ¿rescatarlo como lengua literaria es un primer paso para asegurar su continuidad?. ¿Qué futuro le ves al juedo-español?

De un tiempo a la fecha, esta lengua apátrida está rodeada de muchos y encomiables esfuerzos por mantener viva su memoria. Lo celebro. Eso no quiere decir que las instituciones sean capaces de que el judeo-español se convierta en una lengua de intercomunicación personal y familiar o que los niños vuelvan a hablarla. Eso, en mi opinión, no es algo que vaya a ocurrir. Sé que en muchos ámbitos parezco un ave de mal agüero o peor aún: como si ese fuese mi deseo. Nada me gustaría más que equivocarme. El ladino es uno de los grandes amores de mi vida.

-El ladino no es tu lengua materna pero sí una lengua de infancia para ti. HAs escrito narrativa y poesía en juedo-español. ¿cómo hiciste para intentar que el castellano no contaminara el ladino?

Tenemos que recordar que el ladino es una lengua hecha de varias más. Está llena de palabras del turco, hebreo, portugués, francés, italiano, griego, árabe y varios etcéteras. Me parece bien que el castellano actual sea una lengua más. No estoy a favor de la pureza. Vivan las contaminaciones literarias. Lo que sí resulta innegable es que la fuerza del castellano puede llegar a imponerse en el ladino y borrar algunas huellas.  Escuché a alguien decir “dineriko”. No se dice así. Esa palabra, en judeo-español, es incomprensible para un hablante de nuestra lengua porque fue importada del turco. Se dice “parás” (en puridad no lleva tilde, es solo para que el lector se haga una idea de la pronunciación.) La persona que usa “dineriko”,  quizá haya olvidado que en el ladino no  sólo se trata del  convertir una palabra en diminutivo. De todas formas, sonreí al escucharlo.

-Ansina, es un poemario de una belleza y de una sonoridad hermosísima. Se puede entender pero sobre todo se puede captar su sonoridad única. ¿Cómo fue el proceso de escribir poesía en esta lengua? ¿Te costó no poder incrustar tus poemas en una tradición contemporánea??

Hermosa pregunta. Casi toda la poesía en ladino trata de la Shoá o de la nostalgia por la lengua y por España. Quise plantearme que con esa lengua puede hablarse de lo que te venga en gana, pero, sobre todo, que  pueda arrojarse al fuego: una forma de salvarla también. No me hubiera nacido escribir un libro con los mismos temas y sobre todo, con las mismas formas. Estamos en el siglo XXI y escribir con una lengua del Siglo XV es un desafío apasionante. En efecto, no hay una tradición contemporánea vigorosa , pero eso, de alguna manera, también te dota de libertad, de hacer con los poemas un juego malabar, de dibujar círculos concéntricos que abran el espacio.

“No hay una tradición contemporánea vigorosa , pero eso, de alguna manera, también te dota de libertad, de hacer con los poemas un juego malabar, de dibujar círculos concéntricos que abran el espacio.”

-¿Cómo surgió la idea de escribir Tela de sevoya? ¿Fue primordialmente por un homenaje a tu abuela o a también a  la lengua en sí misma?

No, no fue por hacerle un homenaje a la abuela malencarada, aunque después de escribir el libro me di cuenta de esa paradoja: a veces los seres que parecen dañinos  te hacen regalos que valoras décadas después. Sin ella, el ladino no se hubiera quedado en mí. Tela de sevoya fue un libro que me sorprendió porque jamás sospeché que iba a escribir una obra narrativa. Me importaba que un lector, al terminar su lectura, supiera algo más de la biografía de esta lengua secreta que vive bajo nuestro castellano actual. Ahora he concluido un segundo libro narrativo, una especie de dípitico de Tela de sevoya. Ojalá tenga la misma estrella. Nunca se sabe.

-¿Se puede apreciar en tu novela el meticuloso trabajo con el lenguaje. ¿Cómo fue ese proceso para alcanzar tanta precisión?

Mi tradición es la poesía. Yo no estudié letras ni me formé en talleres, pero la poesía ha sido mi más exigente maestra, me ha formado un gusto, una mirada y un amor por  la escritura y su pauta musical. Nunca he pretendido que ese libro se lea como el libro de una poeta, pero eso no quiere decir que su propuesta rítmica me haya sido indiferente. De hecho, tampoco como lectora tolero las obras que musicalmente están descuidadas, llenas de ripios y asonancias involuntarias. Esos textos los vivo como quien conduce por un camino lleno de hoyos y transitarlos se convierte en una tortura.

-¿Vas a continuar con el ladino como una de tus señas de identidad literaria?

Ojalá.Una cosa es lo que quieras hacer y muy otra, la que te es concedida.