«Orge Castellano es uno de los periodistas de nuestro país más activos en asuntos judíos. A pesar de su juventud, se ha convertido en un referente internacional y colabora en numerosos y prestigiosos medios de comunicación»

Orge Castellano es el corresponsal en España de la centenaria agencia Jewish Telegraphic Agency y sus textos han aparecido en medios como Haaretz, The Times of Israel, The Jerusalem Post o The Forward, el decano de los medios judíos estadounidenses. Orge Castellano está especialmente interesado en los asuntos sefardíes y habla con pasión de su trabajo pero también de su historia y la de su familia. Descubrió en la adolescencia sus raíces judías sefardíes y empezó a encajar las piezas del puzzle y a reconstruir su identidad.

Naciste en Venezuela en una familia cripto-judía, ¿cuál es la historia?

Yo nací en una familia muy pequeña, sin mi padre, y a pesar de que Venezuela es un país con mucha inmigración y, en consecuencia, muy habituada a costumbres diferentes, yo consideraba que mi familia era muy rara, que tenía costumbres muy extrañas. Por ejemplo, con la comida que yo llevaba al colegio. Allí lo normal era llevar arepas, pasta, sándwiches. Pero yo llevaba berenjena, pimientos rellenos de cordero, comida con aromas de canela o cítricos. Los otros niños mostraban disgusto con mi comida y, claro, yo quería ser como los demás y llevar mi sándwich. Ya sabía que éramos diferentes pero no sabía el motivo.

¿Qué más cosas?

Por ejemplo en la cocina de mi casa se separaban las ollas en las que se cocinaba lo que llevaba leche y las ollas en las que se preparaban los cocidos y las elaboraciones que llevaban carne. Se hacía así porque mi abuela, a la que no conocí, se lo había enseñado a mi madre. Eran normas domésticas que mi madre seguía rigurosamente pero que, aparentemente, no tenían más sentido que el de la tradición familiar heredada. Había otras costumbres familiares como la de estar en casa el fin de semana. Si bien no observábamos el Sabbath, sí que era un tiempo estrictamente hogareño.

«En la cocina de mi casa se separaban las ollas en las que se cocinaban las cosas que llevaban leche y las ollas en las que se preparaban los cocidos y las elaboraciones que llevaban carne. Se hacía así porque mi abuela se lo había enseñado a mi madre.»

¿Cuándo te enteras de tus raíces judías?

© MITXI

Cuando tenía 11 años, en una fiesta de cumpleaños, un tío mío me cuenta que somos de origen judío. Mi madre tampoco sabía nada. Pero durante un tiempo, esa nueva información se quedó encapsulada, sin saber muy bien qué significaba. Llegaba la adolescencia y lidiaba con otros asuntos de mi identidad como mi propia orientación sexual. Ya sobre los dieciocho empiezo a investigar mi genealogía,  varias generaciones cripto-judías, no sin cierta perplejidad. Por ejemplo al comprobar que muchos familiares se casaban con primos. Pero descubro que hasta el siglo XIX son judíos ocultos y que mantienen las reglas pero que se van diluyendo con la modernidad. También que provengo de unos judíos de Sevilla que, tras el edicto de Granada, parten hacía Canarias y de allí a las Américas, y de una familia judía de La Parra, Badajoz, que zarpó hacía el Nuevo Mundo en 1538.

¿Y cómo empieza tu viaje de vuelta al judaísmo?

Empiezo a contactar con familias sefardíes y a entrar en el judaísmo. Inicio entonces el primer reclamo de identidad religiosa en mi familia en 400 años. Y descubro que muchos miembros de mi familia lo sabían pero se avergonzaban. Aunque en Venezuela no hay un antisemitismo cultural, porque no existen las referencias, sí persisten cosas como ver a los judíos como los que mataron a Cristo. Yo entendí que era el momento de vivir orgullosamente lo que soy. Para mí todo comenzó a cobrar sentido y volví oficialmente al judaísmo, estudié hebreo, me convertí, y llevo una vida observante.

«Yo vi que era el momento de vivir orgullosamente lo que soy. Para mí todo empezó a cobrar sentido.»

¿Y viniste a España a estudiar en la Universidad del País Vasco?

Sí. No fue sencillo. Ser abiertamente judío no fue fácil. Y durante un tiempo me costaba mostrarme judío en público. Hasta que hace pocos años, ya en Madrid, decidí ser quien soy sin ambages. Dar una versión sincera de lo que soy. Y como me interesa muchísimo la cultura sefardí decidí dedicar mis esfuerzos a esta cultura y su difusión. No solo del pasado, de hace 500 años, sino también la de hoy , la cultura sefardí en nuestros días.

¿Cómo conseguiste llegar a colaborar con tantos medios y tan importantes?

Echándole un poco de cara y ofreciendo directamente temas que me parecían interesantes. A veces, también tirando de mis propias obsesiones como la gastronomía. Yo soy, por ejemplo, un fanático del cilantro y descubrí en libros medievales que su uso en la cocina sefardí era muy abundante y de ahí salió un artículo de la relación de los judíos con el cilantro. Pero básicamente el sistema fue ir llamando puertas con determinación.