Fue la primera persona que estudió ciencias en la Universidad Hebrea de Jerusalén siendo de origen español. Y no es el único hito en la vida profesional de Perla Wahnón (Melilla, 1949), presidenta Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), el máximo organismo de las sociedades científicas en nuestro país.

Catedrática Emérita de la Universidad Politécnica de Madrid, física cuántica, científica de vocación (como no puede ser de otra forma), explica la importancia de la divulgación: “El mundo actual debe adaptarse a los nuevos conocimientos, no es necesario explicar de forma muy profunda... es una cuestión de divulgación”.

El nombramiento de Perla Wahnón como presidenta de la COSCE, siendo la primera mujer en acceder al cargo, fue mediático (todo lo mediático que podía ser en un país donde la ciencia está lejos de ser un tema realmente popular). Sin embargo, lo que más llama la atención de esta veterana científica es su espectacular formación, que arranca nada menos que en la prestigiosa Universidad Hebrea de Jerusalén, y continúa, ya en los setenta, en la recién creada Universidad Autónoma de Madrid.

Explica su viaje académico así: “Soy de Melilla y en un momento dado me tuve que ir a estudiar fuera, claro. Me fui con una hermana mía en 1969 a Israel, donde aprendí hebreo estudiando por las noches, me fue muy bien y al volver a España me resultó fácil convalidar aquellos estudios… de hecho el primer año me sobró bastante tiempo para estudiar Farmacia”. ¿Se encontró con muchas diferencias entre Israel y España en esa época? “Bueno, en Jerusalén estudié química y física y en la Autónoma química cuántica, terminé la carrera en el 74 y en el 77 obtuvo el grado de doctora en Ciencia -trabajando en física cuántica-, en una universidad formada con grandes profesores que habían estado trabajando por todo el mundo, de un nivel altísimo, gente como Federico Mayor Zaragoza o José Ignacio Fernández Alonso (introductor de la química cuántica en nuestro país, trabajó con el Nobel Linus Pauling en California), era una universidad con un empuje magnífico”, explica.

La vocación científica

“Siempre he tenido una gran vocación científica, gracias a la educación de mis padres, a mi madre, por ejemplo, le gustaban mucho las matemáticas”, rememora Wahnón, un ejemplo de cómo esa primera docencia, la que se aplica en casa, es determinante en el posterior desarrollo de cualquier individuo. La melillense ha sido y es una figura relevante en la comunidad científica nacional e internacional, por su colaboración con centros extranjeros en París, Jerusalén o Daresbury (Inglaterra).

Aunque escogió la rama de la química cuántica, dirigida al estudio molecular, se encaminó hacia la física cuántica, “más orientada al estudio de los procesos físicos microscópicos”. Una disciplina clave en nuestro día a día actual. “La mecánica cuántica se empezó a aplicar a partir de la década de los veinte del siglo XX, y la de aplicaciones que ha producido desde entonces… desde hablar por el móvil a una resonancia magnética, el estudio de la fibra, etcétera”. A propósito de los logros de la disciplina, surgen recuerdos (“¡en el 72 ya hacía prácticas de resonancia magnética en la universidad!”). Pero es que se trata de un campo de conocimiento que, de momento, parece poseer un alcance ilimitado. Se habla de ordenadores cuánticos, de comunicación cuántica… cosas que se escapan al conocimiento de los legos en la materia. En este sentido, la divulgación que se realiza en ciertos programas actuales -Órbita Laika, por ejemplo, en la televisión pública- hace mucho, algo con lo que Wahnón está de acuerdo.

 

Retos acuciantes de la comunidad científica en España

Doctora en Ciencias por la Universidad Autónoma de Madrid, post-doctorada en la francesa Universidad Paris-Sud, profesora en la Facultad de Ciencias de la Autónoma, en la Universidad Politécnica de Madrid, en la ETSI de Telecomunicación, directora, desde 1997, del Grupo de Investigación de Cálculos Cuánticos en el Instituto de Energía Solar de la UPM… actualmente la presidencia de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) ocupa buena parte de su tiempo, a pesar de continuar su labor como profesora emérita e investigadora. ¿Cómo está siendo esta experiencia? “Soy miembro de una de las sociedades de la COSCE y lo cierto es que la actividad es intensa, pero las cosas en política cuestan muchísimo en un país como España, donde la ciencia se valora, pero solo de palabra, no de obra… la ciencia debería ser el centro de las políticas del Estado, puesto que afecta a todos los ministerios, es transversal”.

La diferencia de nuestro país con respecto a otros del entorno y más allá -como puedan ser EE.UU. o Israel- es abismal. “La inversión en ciencia acelera la salida de cualquier crisis y por eso en otros países dedican buena parte de su PIB a esta cuestión, aquí estamos a nivel de 2008 y es necesario convencer al a sociedad de esto”, dice Wahnón. Apunta, igualmente, a que no solo la infrafinanciación es un problema; también la burocratización a la hora de abordar los proyectos de investigación, que obliga a quienes trabajan en ciencia a dedicar un tiempo enorme a la gestión de los proyectos. ¿Es una cuestión de recursos, únicamente? “Es una cuestión de optimización de recursos también”, puntualiza.

Muchos son los retos que tiene por delante el organismo que preside, la COSCE. Como interlocutores del Gobierno de cara a la reforma de la Ley de Ciencia de 2009, pero no solo. La consolidación de la Agencia Estatal de Investigación debería pasar por una modificación del control ejercido por el Ministerio de Hacienda: “Tratar la investigación científica como si fuera la financiación de una infraestructura no tiene sentido”, explica. La presidenta de la COSCE hace una razonada defensa del trabajo científico como una labor del intelecto, donde la innovación no pasa por renovar cualquier cosa, sino por transferir conocimiento a la sociedad en general. “Gracias al desarrollo de cualquier proceso se obtendrá la solución a los problemas, por eso hay que mentalizar a la gente y educarla en la idea de que el saber científico es vocacional, y los investigadores deben tener una pequeña estabilidad para dedicarse a esa vocación”.

Algo complicado si no se invierte de manera sostenida y mantenida en el tiempo (“lo que pedimos es que haya un 4 % sostenido anual, se está haciendo mucho esfuerzo pero no se nota, se propone la vía de préstamos pero eso no funciona”). Le preguntamos qué opinión tiene de la figura del tenure track (algo así como “profesor contratado doctor”): “Existe en todas partes, pero hay que ver cómo encajarla en el sistema español, por eso eso es tan importante la reforma de la Ley de Ciencia, que aborda este tema y precisa estudios de gente experta, de hecho lo estamos haciendo justo ahora, queremos que se incluyan las propuestas del colectivo científico, ajustadas a las exigencias actuales”.

Vida profesional, vida sefardí

Desde sus tiempos de estudiante, ha regresado muchas veces a Israel, donde pasó un período trabajando en 1989. En cuanto a la comunidad judeoespañola, se diría que Perla ha estado entre la melillense -la de toda la vida, “mis hijos se han criado en esa comunidad durante las vacaciones, tengo mucha familia allí”- y la de Madrid, donde ha realizado su carrera profesional y académica. ¿Qué significa ser sefardí y española para una científica? “Son dos mundos distintos, la vida vocacional y profesional y la vida personal, pero por supuesto soy un miembro muy activo de la comunidad sefardí, ambos mundos son compatibles”.