Pierre Assouline, descendiente de judíos expulsados de España, inició el proceso de nacionalización garantizado por la ley. No fue un camino fácil y lo cuenta en su libro «Regreso a Sefarad»

Pierre Assouline (Casablanca, 1953) es uno de los intelectuales más fecundos e interesantes en lengua francesa. Ha escrito las biografías de Hergé, el creador de Tintín, el mítico editor Gaston Gallimard o el prolífico escritor Georges Simenon. Ha transitado con acierto el campo de la novela y es uno de los periodistas culturales más finos de Europa. Pero a raíz de la entrada en vigor de la ley que permitía a los sefardíes acceder a la nacionalidad española (y del discurso del Rey Felipe VI que exclamó: ¡cuánto os hemos echado de menos!) decidió iniciar el tedioso trámite burocrático y embarcarse en la escritura de un libro, Regreso a Sefarad (Navona, 2019)

Su libro muestra el tortuoso proceso para conseguir la nacionalidad española por una cuestión simbólica. También disecciona la memoria de la expulsión del pueblo judío. ¿Cómo fue el proceso y cómo lo vivió?

Desde el principio, pensé que era lo menos que podía hacer para aprovechar esta oportunidad histórica, sobre todo porque no se puede rechazar la mano tendida de un rey a todo un pueblo. La lentitud de la administración española, a veces deliberada, y los obstáculos a los que tuve que enfrentarme, lejos de desanimarme, me obligaron en el sentido de convertirlo en una cuestión personal, moral e incluso política. Es una cuestión de personalidad: cuanto más se me echa para atrás, más me comprometo. Y en este caso, a pesar del apoyo de Su Majestad Felipe VI y de las Cortes, tuve que sobreponerme a personas a las que probablemente había ofendido durante las entrevistas en televisión española (notarios, funcionarios, etc.) porque también exigía la derogación del decreto de expulsión de 1492. Tardé cinco años en ser oficialmente español, pero no me arrepiento de haber aguantado.

«Tardé cinco años en ser oficialmente español, pero no me arrepiento de haber aguantado.»

Usted es de una familia sefardí de Casablanca y veraneaba en España ¿Cuáles eran los vínculos de su familia con España?

Por parte de los Assouline, son descendientes de los judíos que vivieron los pogromos y la expulsión de 1391 en Sevilla. Les habían hablado de un lugar en Marruecos, al borde del desierto, donde los judíos habían sido prósperos y felices durante siglos. Una pequeña ciudad llamada Debdú en el cruce de rutas comerciales. Se instalaron allí y judaizaron a la mayoría de los bereberes de la región de Tafilálet. Entre otros, a los miembros de la tribu Wassouline. Por parte materna, Zerbib era un judío de Tetuán, en Marruecos, originario de Livorno, en Italia, descendiente de los expulsados de 1492.

Indaga usted en lo que quedó del mundo judío en España.

Sí, lo cual es bastante natural y se hace rápidamente. La comunidad es muy pequeña y se concentra en Madrid, Barcelona y los alrededores de Málaga. En cuanto a los vestigios, las ruinas, los cementerios y, en general, las antiguas juderías, me ha interesado mucho todo el movimiento de resurrección y exhumación que ha surgido desde el final del franquismo, a veces por motivos puramente turísticos.

¿Qué queda del antisemitismo en nuestro país?

Existe, por supuesto, el eco persistente del antiguo antijudaísmo católico. Pero forma parte de la cultura nacional de un modo tan «natural» que es residual y no se manifiesta mucho fuera de las costumbres y la lengua. Además, en España existe un verdadero antisemitismo bajo la máscara de un antisionismo visceral y excluyente, que se encuentra tanto en las comunidades árabes-musulmanas asentadas en España como en algunos medios de comunicación nacionales.

«En España existe un verdadero antisemitismo bajo la máscara de un antisionismo visceral y excluyente»

Se muestra usted como un buen lector de literatura española, ¿qué autores le interesan?

Entre los antiguos, Cervantes, Baltasar Gracián, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Lope de Vega, Antonio Machado, García Lorca, Unamuno. Entre los contemporáneos, Miguel Delibes, Javier Cercas, Antonio Muñoz Molina, Sergio del Molino, Javier Marias….

El libro es de difícil clasificación, con muchos géneros en uno. ¿Cómo se planteó la creación del libro?

Yo mismo tuve dificultades para clasificarlo mientras lo escribía. Me corroía que no perteneciera a ningún género. Una conversación con Carlos Fuentes me dio permiso. Me aconsejó que lo convirtiera en una novela, o más bien, como me sugirió Cercas una tarde, en un cocido al estilo del Quijote: «Así -me dijo Fuentes- nadie podrá decirte nada ni reprocharte lo más mínimo, porque tanto en una como en otra puedes poner lo que quieras del modo que quieras».