El Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto es una buena ocasión para repasar algunos títulos que, a través de la literatura, nos ofrecieron el detalle de lo que nunca deberíamos olvidar.

El 27 de enero es la fecha en la que, en 1945, se produjo la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Y aunque han pasado 77 años, cuesta hacerse cargo de la crueldad, inhumanidad y barbarie que se infringió al pueblo judío en el holocausto. Son muchísimos los textos que nos dejaron aquellos que sufrieron en sus carnes la brutalidad de la Shoá. Y por dolorosos que resulten algunas de las experiencias que relatan, conocer en profundidad la brutalidad del holocausto nos hace comprender los límites de la maldad humana y nos ayudará a impedir que nunca vuelva a suceder.

“Olvidar a los muertos es lo mismo que matarlos por segunda vez”

Esta frase es del premio Nobel de la Paz Elie Wiesel que llegó al campo de Auschwitz con tan solo quince años. Allí murieron su madre y su hermana pequeña. Él y su padre fueron trasladados a Buchenwald, pero su padre murió poco antes de la liberación por el ejército americano. Lo mataron de una paliza en su litera mientras su hijo callaba asustado en la suya. Tras una década de silencio, escribió La noche, un libro estremecedor sobre la pérdida de humanidad y de valores en un campo de concentración. Wiesel, que dedicó su vida al activismo y a mantener el recuerdo del holocausto, en su discurso de aceptación del premio Nobel dijo: “Y ahora ese chico me mira a mí. Dime, pregunta, ¿qué has hecho con tu futuro, qué has hecho con tu vida? Y yo le digo que lo he intentado. Que he intentado mantener la memoria viva, que he intentado luchar contra aquellos que olvidan. Porque si olvidamos, somos culpables, somos cómplices”

“Los que vivís seguros / En vuestras casas caldeadas”

Los dos primeros versos del poema que sirve de arranque de Si esto es un hombre, primer libro de la trilogía de Auschwitz de Primo Levi ya nos ubican en el privilegio del presente para llevarnos a un viaje al infierno. El texto, que desgarra al lector, no busca nunca el énfasis sentimental: es seco, directo, duro. Levi dice en la introducción que desea su libro sirva de documentación para el estudio del alma humana. Y efectivamente, Si esto es un hombre es una disección de la condición humana. Y efectivamente desgrana el miedo, el hambre, la decadencia, la falta de esperanza y la pérdida de la dignidad. También la muerte, la que ya le llegó a la mayoría y la que está al acecho del protagonista. Algunos versos más adelante, el poema continúa: Considerad si es un hombre / Quien trabaja en el fango/ Quien no conoce la paz / Quien lucha por la mitad de un pan / Quien muere por un sí o un no.

“Bastaron tres meses para que mi cuerpo me abandonara”

Son palabras del premio Nobel de Literatura Imre Kertész. Entró con 14 años en Auschwitz y luego fue trasladado a Buchenwald. Su grandiosa novela Sin Destino (también parte de una trilogía) tiene un protagonista adolescente que afronta con ingenuidad, apatía y obsecuencia las reglas impuestas por los nazis. Un libro que inquieta y hasta incomoda al lector que asiste a los esfuerzos del perplejo adolescente por sobrevivir intentando ajustarse a la macabra lógica asesina del campo. También en este caso, Sin Destino no se sirve de juegos de artificio y ofrece una lectura cruda y sin paliativos.

Estos tres libros (en realidad el inicio de tres trilogías) son, muy probablemente, los pilares testimoniales y literarios más notables de la Shoá. Pero hay mucha más obra indispensable. Por ejemplo, la relacionada con el terrible campo de exterminio de Treblinka. Como el testimonio de Chil Rajchman que fue deportado junto a su hermana a este campo de la muerte. A ella la enviaron a la cámara de gas, y él fue obligado a ser cómplice de la matanza: se encargaba, entre otras tareas, de rapar a las mujeres antes de ser ejecutadas.

Otro caso es el de Yankel Wiernik y su Un año en Treblinka. Como él mismo escribe, nunca podremos entender del todo la atrocidad del holocausto: “Ninguna imaginación, por atrevida que sea, podría concebir algo así como lo que he visto y vivido. Tampoco cualquier pluma, por más ligera que sea, podría describirla adecuadamente.”