Los vinos kosher son muy ecológicos: la fermentación de la uva debe hacerse de manera espontánea con sus propias levaduras. Sin bacterias ni enzimas, ni gelatinas ni clarificantes como la caseína, de origen animal.

Hace poco más de 25 años, ninguna bodega española producía vino kosher. La primera en hacerlo fue una cooperativa muy pequeña en la zona vinícola del Montsant, concretamente en Capçanes, en la provincia de Tarragona.

Hoy los vinos kosher españoles son muy reconocidos y exportan más del 80% de su producción. Pero esta historia empieza en 1995, y no fue un proceso sencillo. Tuvo que ser supervisado por un rabino que viajó expresamente de Israel y, como curiosidad, dadas las sinuosas carreteras que llevan a los viñedos y la avanzada edad del rabino, debió desplazarse hasta allí en helicóptero. Este espectacular comienzo fue la primera página de un libro lleno de aciertos. Hoy la bodega es una de las más prestigiosas del panorama del vino en nuestro país y se ha hecho merecedora de galardones tan recientes como el premio a la Mejor viticultora en 2021 a Anna Rovira, su directora técnica, por la prestigiosa revista alemana Genuss Magazin, premio que ya recogió en el año 2019.

Pero más allá de que los vinos kosher de esta bodega estén considerados como algunos de los mejores del mundo, el proceso para ser “apto” tiene muchos paralelismos (en el viñedo y en la bodega) con los vinos ecológicos y biodinámicos que son tendencia en el mundo del vino, además de garantizar unas inigualables condiciones de higiene.

Sin productos químicos

Entre las normas que permiten certificar los vinos kosher, si bien se pueden utilizar todas las variedades de uva, la fermentación de la uva debe hacerse de manera espontánea con sus propias levaduras. No se pueden añadir bacterias ni enzimas, ni gelatinas ni clarificantes como la caseína, de origen animal. Sí que se permite la clarificación con arcillas como la bentonita y filtrados con papel. La fertilización orgánica -esto es, abonar la tierra-  debe detenerse al menos dos meses antes de la cosecha y las uvas solo se pueden destinar al vino a partir del cuarto año de la plantación de la vid.

Vinos ya míticos

El celler de Capçanes produce los Peraj Ha’abib, que ya son un clásico para los amantes del buen vino. Especialmente su pinot noir es muy valorado por los connoisseurs. Pero sus joyas de la corona son los Flor de flor de primavera, tanto en su variedad garnacha como en cariñena. Estos vinos se cultivan en condiciones muy extremas, en terrazas de viña con cepas de más de cien años de antigüedad sobre suelos de pizarra, granito y arcilla.

No son los únicos.

Estos exquisitos vinos son a veces difíciles de encontrar por su elevada demanda exterior pero, afortunadamente, en un país de tanta tradición vinícola como España, muchas denominaciones de origen se han sumado a este cultivo controlado, artesanal y ecológico. Y podemos encontrar grandes vinos kosher con D.O. Rioja, Penedés o La Mancha entre otras muchas denominaciones.