Escritora, columnista, filóloga, Esther Bendahan (Tetuán, 1964) es una gran divulgadora de la cultura sefardí. Ha cultivado la novela, el ensayo y la poesía, con la temática judeoespañola como frecuente telón de fondo.

Bendahan es la responsable de la programación cultural del Centro Sefarad-Israel, donde trabaja su gran pasión por la Historia, las letras y las ideas. Como la de la misma Sefarad, “patrimonio de todos nosotros, aunque muchos lo ignoren”. Idea recogida en su último libro, Si te olvidara, Sefarad (La Huerta Grande, 2020).

-¿Tenemos una asignatura pendiente, en nuestra formación, con la idea misma de Sefarad?  

Es así, SefaradAntonio Muñoz Molina supo reflejar la idea en su libro, Sefarad (Alfaguara, 2001)-, es algo más que parte de la historia de España y de los españoles judíos expulsados, es la historia de unos españoles en el exilio, una metáfora de todos los exilios, un exilio que se convierte en identidad y que se vive de manera simbólica. Los sefardíes en realidad no siguieron siendo todos judíos, así como los judíos que se quedaron fueron perdiendo sus referencias judías. Pero muchos mantuvieron la lengua y una idea de origen. Aquí quedaron sólo algunas costumbres, pero a la vez mucha influencia en nuestra cultura.
También he querido señalar la importancia de España para las corrientes diversas del pensamiento judío. Es fundamental. Durante años quedó Sefarad como algo tradicional, folclórico, pero es importante recordar que es mucho más que algunas canciones… es toda una red de mundos que se van cruzando para configurar una cultura que es cultura española en el exterior.

-El tema de la identidad está muy presente en su obra literaria. ¿Cree que es imposible desligar la identidad de una comunidad como la sefardí, dada la dispersión?

Los sefardíes del mundo, y he visitado muchas comunidades, desde la de Estambul a la de Seattle -gracias a los encuentros Erenzia del Centro Sefarad-Israel, donde trabajo-, mantienen una identidad compleja. Hay elementos comunes y distintos, como en cualquier nación. La creación del Estado de Israel ha incidido en la expresión de la existencia de tres grupos judíos con sus particularidades: orientales, sefardíes y askenazís. Pero creo que a pesar de los orígenes distintos hay, entre todos, muchos elementos comunes. Si bien siempre defiendo la forma de los sefardíes en vivir la religión, al menos en sus diásporas, puesto que saben negociar mejor con los contrarios.

-¿Dónde se encuentra usted más cómoda, en el terreno del pensamiento o en el de la ficción?

Me encuentro más cómoda en la ficción, para mí la ficción es una forma de pensar en imágenes e historias, dejar que hablen otras voces. He tenido una formación literaria porque decidí que necesitaba ese aprendizaje, pienso en diálogos y en historias. Me afecta el mundo, y para resolver miedos, heridas o sintetizar la alegría, me gusta dialogar con personajes.
Leo a la vez ensayo, poesía y novela, adentrándome en mundos gracias a los libros. Hay épocas que leo menos por motivos familiares, pero de algún modo es también leer el rostro de los que amo. Me gusta esta pregunta, porque me hace reflexionar sobre lo que decidimos y hacemos. El tipo de ficción que yo elijo busca el equilibrio entre la historia, el juego de voces, matices de lo cotidiano. También en la poesía, justo ahora voy a publicar (sdq) ahora un libro de poesía en Amargor que se llamará 2020. Es como un diario de unos meses durante la pandemia. Al releerlo noto esa tensión en lo que me importa entre el pensamiento y lo cotidiano, lo emocional y lo superficial, que también es necesario.

“Durante años quedó Sefarad como algo tradicional, folclórico, pero es importante recordar que es mucho más que algunas canciones… es toda una red de mundos que se van cruzando para configurar una cultura que es cultura española en el exterior”

-Otro de sus temas predilectos sería el de la otredad. ¿En cuál de los títulos que ha publicado cree que estaría más desarrollado?

Está voluntariamente tratado en El tratado del alma gemela (Ediciones del viento, 2012). Hay tres personajes muy distintos que se enfrentan juntos a un viaje. En la novela, cada capítulo deja que uno de ellos hable. Y quiere indagar en sus valores, en su religiosidad, sus formas de vivir, y en especial en cómo se enamoran, qué buscan en la pareja, en qué creen, cuál es la ficción que envuelve su relacion amorosa. En la novela hay varios hilos, por un lado un viaje, por otro una vuelta a Marruecos en busca de un sefer Torah que se debe recuperar. Cada uno de ellos vive igualmente un periodo singular de sus vidas donde la pasión amorosa de repente se les impone como una necesidad urgente, y por último se refleja la diversidad del sentimiento judío.
Releyendo la pregunta, pienso que quizá al referirse a la otredad habla del diferente, en este caso no los son, es una relación con el otro próximo, con el otro que a veces somos; en Déjalo, ya volveremos (Seix Barral, 2006) se inicia desde la vivencia de la otredad, la del exilio de los ya exiliados. Trata de la salida de Marruecos de una familia judía, vista desde la mirada de una niña pequeña. La obligación de salir y la dificultad de ser en Madrid.

-Usted ha dado a conocer personajes bíblicos como Ester en novelas como El secreto de la reina persa (La Esfera de los Libros, 2009). ¿Hay algún personaje judío, bíblico o no, que cree que merezca ser especialmente rescatado?

Me interesaba Ester porque en ese libro se describe el elemento político que configura el antisemitismo moderno a la vez que el sexismo. Me gustaría trabajar la figura de Miriam, un personaje esencial para la salvación de Moisés que sufre del castigo por su palabra. Qué siente, cómo se organiza en ese entorno en el que parece ignorada, y en el que, sin embargo, cuando muere desparece la fuente de agua. Sí, es un personaje que nos habla de aspectos simbólicos que me gustaría indagar. Me interesa Gracia Mendes, la señora, que ha sido ya literalizada, Hannah Arendt, en su conflicto amoroso con Heidegger, también me gustaría recordar la labor poética y heroica de Jana Senesh, de la que por cierto se cumplen 100 años de su nacimiento. Claro que en este momento no estoy trabajando en ninguno de estos personajes.

-Usted es programadora cultural en Centro Sefarad-Israel. ¿Ocupa el siglo XX un lugar especial en la programación?

Desde el principio de esta institución hemos comprendido que es importante señalar la historia, nuestro pasado, pero también la actualidad, no seguir tanto la historia de modo lineal sino como influencia, actualizando, mostrando, descubriendo, generando espacios de reflexión y de permanencia… Y esto se materializa participando, con la FCJE, en el milenario de Ibn Gabirol, creando el rito de celebración de Janucá en la calle, poniendo en marcha el Premio Reina Esther, o dejando un protocolo para los actos de Estado sobre el Día de la Memoria de la Shoah.
Nos ocupamos tanto de exposiciones y actividades generales como de la oferta de cursos a los profesores para que tengan herramientas didácticas sobre temas judíos. Los sucesivos gobiernos españoles han creado un espacio que viene a abrir la conciencia de siglos de Historia.

-Este año se cumple el 35 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre España e Israel, una efeméride muy importante para Centro Sefarad-Israel, ¿cómo la están abordando?

Lo abordamos en consenso con el Ministerio de Asuntos Exteriores de España del que formamos parte, y con la Embajada de Israel en España. Israel es una parte de nuestros objetivos, y este año centramos muchas actividades en este acontecimiento, sobre todo durante el mes de junio y julio, momento en que arrancará la celebración del aniversario. Nos parece importante sobre todo destacar que antes incluso de establecerse relaciones ya existía un entorno relacional cultural. La cultura en especial permite crear vínculos, es en sí misma un lugar sin fronteras. Por eso iniciaremos la celebración con un concierto homenaje a Pau Casals, quien viajó a Israel y fue recibido por Golda Meir y David Ben-Gurión.