la jornada El cambio y la conquista de la mujer judía nos ofreció una visión completa y variada de los retos de la mujer judía de la mano de tres creadoras de excepción.

Ayer, día 30 de mayo, se celebró en Torremolinos la jornada El cambio y la conquista de la mujer judía, organizada por la Asociación Ibn Gabirol y la Federación de Comunidades Judías de España. La jornada empezó con la proyección de la película Alegría y luego se dio paso a un coloquio entre tres mujeres creadoras y talentosas que diseccionaron el papel de la mujer judía, su representación en el cine y en la literatura y los retos a los que se enfrenta hoy en día. Violeta Salama, directora de la película, la escritora Esther Bendahan y la profesora y escritora Line Amselem, que ejercía también de conductora del debate.

Diferentes formas de vivir el judaismo

El conversatorio se inició con el reto de salir de los clichés que se tienen de la mujer judía. Violeta Salama quería que su película saliera de los clichés porque la imagen que se ofrecía habitualmente no representaba a la mujer judía. Según Salama: “No hay una forma única de ser judía. Cada uno es único y no se trata simplemente de seguir una serie de reglas. Uno elige lo que le interesa de la religión y de la familia para convertirse en la persona que es. Para mí el judaísmo es compartir la cultura, la esencia, las vivencias”. También explicó que, en Alegría,  quiso representar la parte religiosa como algo íntimo. Por ejemplo, la mikve, que es una escena fundamental de la cinta, que es tan íntimo que prácticamente no se había filmado antes y de la que es muy difícil encontrar material audiovisual.

Esther Bendahan, sobre las distintas maneras de ser judío, señalaba las diferencias de la vida judía en la diáspora, que mantiene sus tradiciones en una esfera más íntima y discreta, de la que se vive en Israel, por ejemplo, o en otros lugares con más presencia judía y, por lo tanto con un judaísmo más socializado. También nos explicaba cómo las comunidades del norte de Marruecos eran muy abiertas en cuanto a las diferentes maneras de vivir el judaísmo y que esta diversidad se podía dar incluso dentro del seno familiar, en el que podía haber miembros sefardís ortodoxos y otros reformistas sin conflicto alguno.

 «No hay una forma única de ser judía. Cada uno es único y no se trata simplemente de seguir una serie de reglas. Uno elige lo que le interesa de la religión y de la familia para convertirse en la persona que es. Para mí el judaísmo es compartir la cultura, la esencia, las vivencias» Violeta Salama

Los retos de la mujer judía

La conversación se centró, en buena parte, en los retos de la mujer judía. Bendahan expresó su convencimiento de que “Los retos de la mujer judía son los mismos que la mujer occidental”. Aunque sí destacaba las dificultades que emanan de la contradicción entre la tradición y los valores de la sociedad actual. Destacó la importancia de las voces judías dentro del feminismo. “Incluso la mujer más religiosa y pegada a la tradición tiene su forma de vivir la feminidad y el feminismo. Y muchas tienen valores feministas y liberadores.”

Line Amselem quiso subrayar el papel de esas “mujeres judías que aportaron su capacidad de aportar novedades en la sociedades en las que vivieron” y puso el caso de modelos inspiradores como Simone Veil o Giselle Halimi, gran figura del feminismo francés.

Representación de la cultura judía

Las participantes analizaron también las dificultades de mostrar la vida judía en una sociedad, como la española, que no está familiarizada con las tradiciones. Violeta Salama explicaba que no se puede explicar todo, qué es un talit, una mezuzá o una kipá. “Pero no podemos ser Barrio Sésamo” aunque sí uso algún personaje para explicar algunos aspectos de la cultura. Confesó que es muy gratificante que la película se exhiba en lugares con más tradición judía porque la percepción es muy distinta y entienden muchas claves de la cinta. Puso como ejemplo Estados Unidos, donde la película ha gozado de mucho éxito, posiblemente por esa familiarización con la cultura judía.

Line Amselem matizaba que, si bien Francia tiene una comunidad judía extensa y una tradición literaria judía de mucha importancia, tampoco el público sabía que era una mezuzá o la mikve. Esther Bendahan, que se ha enfrentado en sus novelas al problema del exceso de pedagogía, hablaba de encontrar el equilibrio entre “atiborrar al lector y que al tiempo aprenda” pero que se ha encontrado varias veces con editores que querían poner un glosario al final de libro, a lo que se siempre se ha negado, por no penalizar la lectura.

Infancia

Las tres mujeres hablaron de sus ciudades y de cómo había cambiado la relación de los judíos con otras religiones. Violeta relataba cómo en su infancia, en su clase, había 20 niños católicos, cinco musulmanes y cinco judíos. Y que eso ya no es así. Ya los judíos van a escuelas judías. Eso responde, decía Salama, a la necesidad pertenencia de cada comunidad, pero también a la geopolítica. “Se está perdiendo esa mezcla cultural”. La experiencia de Esther Bendahan era diferente. Era la única judía en una clase de 30 niños en Madrid. Y que cuando, lógicamente, no asistía a clase de religión el cura le decía con condescendencia: “ pobrecita, tú no tienes la culpa”. Amselem explicaba cómo, en Francia, sentía lazos con los niños judíos, con los que hablaban español y con los árabes, porque con los tres compartía vínculos y cultura.

La jornada duró una hora que se hizo corta, en la que se trató el papel de la mujer judía desde muchos ángulos y se ensalzó su figura. Como dijo Violeta Salama: “Los procesos de hermandad vienen de las mujeres y de las madres. En el judaísmo, son muy discretas, pero ellas lo cocinan todo, hasta la paz. Porque son más capaces del perdón y de la sororidad y son más honestas frente al amor”